Manuel Horjales, mejor vendedor del año de la ONCE en Galicia: «Bailé con una clienta en el centro de Ferrol cuando le tocaron 500 euros»

Candela Montero Río
CANDELA MONTERO RÍO FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Manuel, en su punto de venta en el centro de Ferrol.
Manuel, en su punto de venta en el centro de Ferrol. Kiko Delgado

Aunque soñaba con dedicarse a la informática, después de 20 años repartiendo ilusión en la zona no se cambia por nadie

09 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Veinte años hace que Manuel Horjales (Valdoviño, 1979) se puso por primera vez tras el mostrador de un punto de venta de la ONCE. A medida que la retinosis pigmentaria que dificultaba su visión iba acelerando lentamente su camino a la ceguera, también crecía su vínculo con los clientes y su emoción repartiendo ilusión. Comenzó haciendo sustituciones y recorrió varios puntos de la comarca, hasta que en el 2013 se instaló en el punto de venta de la plaza Camilo José Cela de Ferrol. Esa pasión se ve reconocida ahora, ya que la ONCE lo ha elegido como el mejor vendedor del año en Galicia. Basta hablar con él y escuchar su ilusión por su profesión para darse cuenta del porqué.

—¡Enhorabuena por el premio! ¿Cómo recibió la noticia?

—Pues muy contento y muy orgulloso de que me hayan escogido. Aunque somos muchos en toda Galicia y yo creo que nos lo merecemos todos.

—¿Por qué cree que lo eligieron a usted como el mejor vendedor?

—En este caso no solo se tienen en cuenta las ventas. Es uno de los aspectos, pero hay otros, como la involucración con la ONCE y yo siempre que puedo intento colaborar y aportar un granito de arena a lo mucho que me da la ONCE. También influye cómo tratas a los clientes y los gestos que vas haciendo en tu día a día.

—¿Cómo empezó a vender cupones?

—Me afilié en 1998, cuando estaba estudiando para ser administrador de sistemas informáticos. Al terminar intenté buscar trabajo de ello, pero no lo conseguí. Así que comencé con la venta en el 2006.

—¿Qué quería ser de pequeño?

—Tenía los sueños de cualquier niño, como ser futbolista o policía, y más tarde, la informática me encantaba. Pero ahora mismo soy muy feliz, porque cuando estás de cara al público coges un vínculo muy especial con la gente y ahora mismo no lo cambiaría por nada, es una profesión muy agradecida.

—Imagino que eso es lo mejor del trabajo.

—Sí, integrarse en un barrio, porque cuando faltas, la gente se da cuenta y preguntan por ti. Le coges mucho cariño a la clientela y ya forma parte de ti. Es maravilloso estar en su día a día, compartir momentos alegres y otros que no lo son tanto, como la vida misma.

—Estos 20 años que le habrán dado para muchas anécdotas.

—Una de las más divertidas fue con una clienta a la que le tocó un rasca de 500 euros. No se lo creía y al final me dijo que saliese fuera para darle un abrazo. Después ya no me dejó volver para el quiosco sin echar un baile y nos tuvimos que poner a bailar allí delante, en el centro de Ferrol. 

—¿Dio muchos premios?

—El más grande que di fue uno de 100.000 euros en un cuponazo de viernes. También he repartido dos premios de 35.000 y varios de 10.000. Uno de estos últimos tiene un gran valor sentimental para mí.

—¿Por qué?

—Proque al día siguiente el cliente vino a agradecérmelo, ya que estaba pasando una situación económica un poco difícil. Yo sabía que con ese premio podía solucionar ese problema. Al final tenemos un trato muy cercano, se puede decir que la ONCE es una gran familia y los clientes forman parte de ella.

—¿Cómo está ahora mismo la venta de cupones en la zona?

—La ONCE está ahora mismo en un momento muy dulce. Cuando yo empecé, prácticamente solo vendíamos cupones y ahora tenemos muchísimos productos y opciones para todos los públicos, por eso tenemos todo tipo de clientes. En Ferrol estamos aumentando la plantilla, porque lo que intenta la ONCE es generar empleo para personas con discapacidad y si la cosa va bien, no se valora tener más beneficios, sino que se valora tener más puntos de venta y crear más empleo.

«Estamos en un momento dulce y en Ferrol aumentamos plantilla»

—¿Cómo lo ayudó a usted la ONCE para lidiar con su ceguera?

—No es lo mismo enfrentarte uno solo al problema que tener a alguien que te oriente, que te ayude, que te aconseje y que va siguiendo tu evolución. Y en eso se traduce la magia de la ONCE. Por eso, intento darlo todo en el punto de venta, porque cada euro que vendo tiene una labor en la sociedad y vale mucho la pena. Veo el trabajo como algo positivo, porque me ayuda a mí y ayuda a los demás.