Este título coincide con el del libro de poemas de Manuel Patinha recientemente publicado. No es casualidad pero tampoco una adenda al poemario. Lo que sí es, y no es poco, inspiración de esta bitácora que inicié en uno de esos paseos que ocupo en buscar brotes verdes o restos envejecidos que han perdido su esplendor pero que no su belleza. Y esto tiene algo que ver con Descartes, título que anuncia intención de recuperar lo descartado... Y empiezo por confesar que he reflexionado mucho sobre lo importantes que pueden llegar a ser los descartes en todos los ámbitos de la vida. Recordaré algo que ya comenté; mi amiga Carmen ha sido mi referencia preferida de cómo un descarte de algo sencillo: unas flores secas, unas fotos o un dibujo, pueden rescatarse del «cajón del descarte» y convertirse en hermosas, pequeñas, pero entrañables, obras de arte. Y dan al hogar o al regalo al amigo toques de ternura y afectuosa singularidad...
Y mi propósito es hablar a otro nivel: el del Ferrol de los descartes, que imagino tras la recuperación de un patrimonio descartado, ignorado o anestesiado, esperando el rescate. Me gustaría ser capaz de trasmitirles la importancia y la trascendencia que creo que tiene la recuperación de tantas construcciones, espacios asilvestrados, verjas oxidadas objetos o utensilios en algunos casos bien custodiados pero en otros abandonados o secuestrados... Ferrol ya ha comenzado el viaje de recuperar algunos descartes. Pero una tarea apasionante, que parece iniciarse, y de la que deberemos ocuparnos porque puede ser el corazón del, de verdad, nuevo Ferrol: el espléndido espacio de Sánchez Aguilera nos espera... a todos.