Nichos abiertos, bolsas con ropa de difuntos y maleza en el cementerio: «El enterrador no se presentó y mi hermano tuvo que abrir la tumba de mi marido»
FERROL CIUDAD
Denuncian la falta del mantenimiento del camposanto de Santa Icía de Trasancos, en el límite entre Ferrol y Narón
08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La situación del cementerio de Santa Icía de Trasancos se ha vuelto «insostenible». Así lo denuncian los vecinos, que este jueves decidieron plantarse y reunirse, a las 11.00 horas, para denunciar cuál es el estado en el que descansan sus familiares. Nichos abiertos con ataúdes dentro, otros apuntalados e incluso bolsas con restos de ropa de los difuntos conforman el paisaje de un camposanto con 5.000 huecos para féretros. «Esto pasa de grave. As escaleiras están levantadas, os nichos agretados, a herba sen cortar e, se a cortan, non a rastrillan. Están nacendo raíces nas tumbas porque as árbores caen encima...», enumeran.
Y lo cierto es que un paseo por el cementerio, situado en el límite entre Ferrol y Narón, basta para hacerse una idea. Hay desperfectos por todas partes, desde restos de lápidas hasta un tejado que, en algún momento, cayó sobre el camposanto. Incluso han puesto persianas en algún nicho para que los difuntos puedan descansar en paz. «Teño aos meus familiares enterrados cerca dun carballo que xa botou raíz enriba do tellado dos nichos. Lle botamos lixivia tres veces ao mes porque as lápidas quedan negras», denuncia Eduardo Ponce, cuya mujer se ató la manta a la cabeza, a última hora del miércoles, para lograr que más de 200 vecinos se presentasen a la mañana siguiente en el cementerio.
A la falta de mantenimiento, que ha provocado ya más de una caída, se suma la ausencia de limpieza. «Atopamos bolsas con restos de caixas e de roupa dos defuntos. Hai ata un nicho aberto coa caixa aínda dentro. Se ven unha inspección de sanidade, pechan o cemiterio», continúa Eduardo, apoyado por un nutrido grupo de vecinos indignados. «Pusieron una persiana para tapar un nicho, pero la quema el sol», matiza uno de ellos, que prefiere mantenerse en el anonimato porque trabajó muchos años en el sector funerario. Por eso, sabe lo que no se debe hacer. Como dejar la escalera dentro de una tumba o llenar los baños, que han quedado inutilizables, de sacos con restos de lápidas, cemento y herramientas.
La respuesta del párroco
Los vecinos acusan directamente al cura, Cándido Otero. «Nos subió la cuota de 2 a 5 euros por nicho, pero no vemos en qué se está utilizando el dinero». Consultado por el tema, el párroco asegura que el problema ya está solucionado. «Este mismo martes contratamos a otra empresa para que se encargue del mantenimiento y de los entierros».
Desde la Diócesis Mondoñedo-Ferrol trasladan su solidaridad a las familias, aunque no respondieron a muchas de sus quejas. «Houbo un incumprimento por parte da empresa. Agora haberá que ter cautela e esperar unhas semanas para que á nova lle dea tempo a arranxalo», señala Sergio Díaz, vicecanciller de la Diócesis.
Josefina Carballeira: «El enterrador no se presentó y mi hermano tuvo que abrir el nicho de mi marido»
Dentro de este caos, se dieron casos especialmente dolorosos para los familiares de los fallecidos, como el de Josefina Carballeira. «Enterré a mi marido hace un mes y medio y el enterrador no se presentó. La chica de la funeraria hizo diez llamadas, contadas, estuvimos más de dos horas esperando. Fue una pesadilla», comienza a relatar sin poder contener las lágrimas.
Cuando finalmente consiguieron contactar con una persona que enterrase a su marido, que se desplazó desde A Capela, se encontraron la sorpresa de que el nicho estaba cerrado. «Mi cuñada y sus hijos estaban fatal, esperando horas frente a un nicho que ni siquiera habían abierto», relata Fina Serantes, cuyo marido tomó las riendas para poder enterrar al fallecido. «Mi hermano tuvo que ir a casa a buscar las herramientas para abrir», señala Josefina. Como tampoco se podía cerrar, la trabajadora de la funeraria tuvo que esperar otras tantas horas hasta que llegase alguien para sellarlo.
Al dolor de la pérdida se sumó el desastre de la gestión del cementerio. «Fueron momentos muy duros, encima fue todo muy rápido...», lamenta Josefina, que cuando fue a protestar a la Diócesis se encontró con largas y excusas.