En el corto plazo de dos semanas se sucedieron en Ferrol dos acontecimientos que me animan a escribir estas líneas bajo el título de la vieja columna periodística que tengo tan abandonada. Y lo hago impulsado por la satisfacción de sentirme un vecino de esta ciudad que comparte episodios que me parecen ejemplares en nuestra vida comunitaria. El primero de esos hechos que quiero subrayar fue la gran manifestación ciudadana que se celebró en Ferrol exigiendo un tren acorde con las necesidades del siglo XXI, un tren capaz de servir, con las comodidades y en tiempo adecuados, a toda la gente de lo que entendemos por Ferrolterra, para relacionarse entre sus comarcas, con A Coruña y con el resto de España. Fue una manifestación masiva, sentida, vivida en amplitud y en justicia. Pues bien (y esto me parece tan importante como su finalidad reivindicativa), esta movilización ciudadana estuvo organizada por el Foro Cidadán polo Ferrocarril, formado por hombres y mujeres de todas las edades, condición e ideología.
Llamaron a las puertas de todas las instituciones, sin saltarse ninguna, y entre la gente que se movilizó estaban representantes de la Xunta de Galicia, del gobierno municipal, con el alcalde a la cabeza, de todos los partidos del ayuntamiento, de la Diputación Provincial de A Coruña, con su presidente, de la Universidad, de los sindicatos y de miles de ciudadanos sin filiación política, pero con el convencimiento de que estaban participando en una causa justa que sería buena y necesaria para Ferrol y para los distintos municipios del entorno.
Los organizadores entendieron que este era un tema que nos afectaba a todos, y todos juntos acudimos a la manifestación con la seguridad de que cuantos más fuéramos y más unidos nos mostrásemos, más cerca estaríamos de ser escuchados por quien tiene que hacerlo.
El segundo acontecimiento importante sucedió este viernes pasado: empezar el derribo del muro del Arsenal. No voy a hablar de la importancia real y simbólica del acto, ni del ambicioso proyecto de Abrir Ferrol al mar, porque ese mismo día lo explicaron muy bien las autoridades que intervinieron, y luego la prensa lo ha recogido con generosidad y acierto. Solo quiero reseñar el mismo aspecto que destacaba en el acto comentado anteriormente. Este hecho histórico de empezar a derribar el muro es la culminación de un trabajo colectivo que empezó hace años y que, cada gobierno municipal que hubo en Ferrol hasta hoy, lo tuvo en su calendario de trabajo.
Fueron necesarios muchos encuentros entre Administraciones, muchos debates, muchos proyectos técnicos, muchas discusiones hasta que se llegó al entendimiento y al acuerdo común. Y eso sucedió ahora, cuando se pusieron de acuerdo el Ayuntamiento de Ferrol, la Xunta de Galicia y el Gobierno del Estado a través del Ministerio de Defensa, con la ayuda inestimable de los almirantes que pasaron en los últimos años por el Arsenal ferrolano. Lo explicó perfectamente la ministra de Defensa.
La intención que me llevó a escribir este texto no es la de ponerle medallas a nadie. Eso corresponde, en todo caso, a cada ciudadano/a de Ferrol. Pretendía destacar algo que, por otra parte, ya sabemos todos, pero que se nos suele olvidar con frecuencia. En cuestiones que son beneficiosas para la ciudad, debemos de remar todos a favor, en el mismo sentido. No importan tanto nuestras afinidades políticas como el bien de la comunidad y del lugar en el que se reside. Esta debería ser la primera lección que tendríamos que aprender quienes, desde puestos más modestos o de mayor importancia, estamos en cargos públicos.