Los equipos que trabajan de incógnito lidian con vehículos de más de 20 años de antigüedad

La Voz

FERROL CIUDAD

Coches de más de 20 años o uno eléctrico que puede torpedear una vigilancia o una persecución, porque la intensidad de alguna intervención puede agotar batería. A este dilema deben enfrentarse los agentes de la Policía Nacional que trabajan con vehículos camuflados. Tienen pocos, algunos están en mal estado y los reemplazos que les envían no son adecuados para operaciones o seguimientos complejos. Los sindicatos recuerdan, además, que no deben usar siempre los mismos o despertarían sospechas entre las mafias, que también realizan labores de contravigilancia. Para colmo, durante los tres primeros meses del año no hubo fondos para realizar las reparaciones en estos vehículos. En Ferrol, por ejemplo, un turismo estuvo parado porque le faltaban las ruedas y de otro solo podían echar mano cuando no llovía, ya que los limpiaparabrisas no funcionaban.

Sindicatos como el SUP y Jupol detallan que cuando las operaciones son largas no pueden usar los vehículos eléctricos por miedo a quedarse sin batería en medio de un operativo. Y los cuarteles tienen puntos de carga limitados: «En Ferrol solo hay dos y en Coruña tres, así que se ha dado el caso de varios agentes haciendo cola para poder salir a trabajar», según detalla Roberto Varela, representante del sindicato policial Jupol.

Material caducado o donado

Otro problema con el que se han topado en el inicio del 2025 en Ferrol es el material de seguridad caducado, viejo y sucio: «A Ferrol llegó una partida de cascos y chalecos en mal estado y sin la desinfección que debería tener, así que solicitamos que se devolviese», detallan desde Jupol y reconocen que aún no disponen de la nueva. El reciclaje de material es otra de las duras realidades a las que se enfrentan los agentes de la provincia: en algunos casos tienen suerte y les llegan mesas o sillas donadas por entidades bancarias, como sucede con gran parte del mobiliario que se puede ver en los despachos y zonas públicas de la comisaría ubicada en el puerto de A Coruña. Las oficinas de denuncias se han ido mejorando, pero la mayor parte de las estancias de trabajo de los agentes tienen sillas desvencijadas de hace décadas.