Ewelina Kostyra, la cocinera polaca que triunfa en Covas con recetas 100 % gallegas

BEATRIZ ANTÓN FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Ewelina, en El Refugio, un local con mucha piedra y madera, «que le dan mucho encanto», y en el que no faltan referencias a las impresionantes playas de las parroquias de Esmelle y Covas
Ewelina, en El Refugio, un local con mucha piedra y madera, «que le dan mucho encanto», y en el que no faltan referencias a las impresionantes playas de las parroquias de Esmelle y Covas CESAR TOIMIL

Hace dos años emprendió con el mesón El Refugio y dentro de tres meses abrirá otro negocio gemelo en Ferrol: «Nuestro plato estrella es el choco en salsa»

29 jun 2024 . Actualizado a las 17:26 h.

«En Covas me siento feliz. La gente de la zona me acogió con los brazos abiertos, tengo una familia maravillosa y el negocio va bien... ¿Qué más se puede pedir?». Ewelina Kostyra nació en Dzierzkow, una pequeña población situada al suroeste de Polonia, pero hace ya ocho años que encontró su «lugar en el mundo» en la parroquia ferrolana de Covas, donde desde el 2022 comanda El Refugio, un mesón que ha ganado popularidad y una clientela fiel gracias a su cocina tradicional gallega, sus precios populares y sus fabulosos sorteos de jamones, cestas y hasta televisores. «Nuestro plato estrella es sin duda el choco en salsa. Mis clientes dicen que es de los mejores de la zona y mucha gente de fuera de la comarca viene a Covas solo para probarlo», comenta con orgullo esta emprendedora de 37 años que no conoce la palabra miedo.

«El Refugio es mi bebé, y dentro de unos tres meses abriré otro negocio, El Refugio II, que será como mi hijo mayor y abrirá sus puertas en los alrededores de Ferrol. Sé que va a ser mucho trabajo, pero a mí no me gusta pensarme mucho las cosas, soy así de impulsiva y estoy muy ilusionada», comenta Ewelina, que de momento prefiere no desvelar la ubicación de su nuevo proyecto «por miedo a que se gafe».

Pero para llegar hasta aquí, Ewe —como la conoce todo el mundo— tuvo que recorrer antes un largo camino. Hace 19 años dejó su Polonia natal para macharse a París con su pareja de entonces. Al cabo de un tiempo, ya sola y embarazada, puso rumbo a Zaragoza para reunirse con su madre. Y tras dos años en la capital aragonesa, a Ewe le surgió una oportunidad laboral en Sada, donde trabajó cuidando de una persona mayor durante un lustro. «Allí conocí a mi Roberto, fue un flechazo, y como toda su familia es de Covas, decidimos mudarnos aquí cuando la persona a la que yo cuidaba falleció y me quedé sin trabajo», rememora.

CESAR TOIMIL

Fue entonces cuando comenzó su trayectoria profesional como cocinera, curtiéndose y aprendiendo todos los secretos de la cocina gallega en los fogones de establecimientos de la zona como La Cochera, en Esmelle, o A Estrela do Ponto, en Xuvia. «Siempre me gustó mucho la cocina y aprendí muchísimo de la gente con la que trabajé: de la nuera del abuelito que cuidaba en Sada, de María Fernández en La Cochera y también de Aurora, una señora de 65 años que no se quería retirar y cocinaba como los ángeles en A Estrela do Ponto», cuenta Ewe con agradecimiento hacia sus «maestras».

Tampoco se olvida de mentar a María, su suegra, que ahora la acompaña en las cocinas de El Refugio y la apoyó sin titubear cuando Ewe decidó abrir El Refugio en el local en el que antaño funcionaba El Fray y El Parador. «Comenzamos con una carta pequeña y poco a poco la fuimos ampliando», explica la cocinera, que, además del choco en salsa, cita entre sus especialidades el marraxo a la plancha. «También tenemos chipis, raxo, pulpo a la gallega, carrilleras, secreto... Y hace poco tiempo incorporamos a la oferta la picaña y el cachopo de ternera con jamón serrano y queso, que está arrasando entre la clientela», comenta Ewe.

 
 
 
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Echando la vista atrás, la hostelera reconoce que no se esperaba el éxito que ha cosechado con su negocio. «La verdad es que la gente de Covas se ha portado fenomenal conmigo, eventos como el Nachiños Fest y Equiocio me han ayudado a captar clientela y mi familia siempre ha estado ahí apoyándome en todo», valora Ewe, para quien el concepto ‘familia' no solo incluye a Roberto y a sus dos hijos —Angélica, de 17 años, y Raúl, de 3—, sino también a sus suegros y su cuñado. «Los quiero muchísimos y ellos a mí también», dice encantada la cocinera, que en la lista de agradecimientos también señala a Isabel y Enderlis, las dos camareras que prestan servicio en sala.

Pero, además de ese «equipazo humano», sus recetas caseras y los precios asequibles, Ewe también echa mano de otros reclamos para que el negocio marche viento en popa. «Con frecuencia hacemos sorteos entre los clientes y también montamos fiestas como la que hicimos el verano pasado con churrasco, hamburguesas y la música de Malditos Pendejos... ¡Me encanta ver a la gente disfrutar y pasarlo bien!», proclama Ewe. Y al preguntarle por qué no hay ningún plato polaco en la carta de El Refugio, responde veloz: «Me marché muy joven de Polonia y no me dio tiempo a aprender la cocina de mi país, así que para servir un plato que no salga perfecto al cien por cien, prefiero no hacerlo, me daría mucha vergüenza. Además, a mí me encanta la cocina gallega y creo que no se me da nada mal. He aprendido tanto que ahora me quiero me presentar a Masterchef», bromea antes de la despedida.