Un señor misterioso, la biografía de Pla y un día de junio del siglo pasado

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL CIUDAD

Francesc Català-Roca / museo Reina Sofía

03 jun 2024 . Actualizado a las 09:30 h.

El transcurso del tiempo, que por lo general suele ser implacable, acostumbra a tener efectos que a menudo son más que previsibles, pero que en otros casos surgen de manera del todo inesperada. A mí, por ejemplo, el paso de los años, y fíjense qué cosa más rara, me ha ido convirtiendo en alguien extraordinariamente parecido a un señor del que lo ignoro todo, hasta su nombre, y sobre el que, por discreción, no pregunto nada. De manera que cuando voy por ahí, a cualquier sitio —o a veces también sin que haya ido a ninguna parte—, y quienes me confunden con ese señor del que nada sé se me acercan a hablarme, ni siquiera me atrevo —como acabo de decirles, por discreción— a interrumpirlos y a confesarles que no soy quienes ellos creen que soy, que están ante la persona equivocada.

Créanme si les digo que para mí es una verdadera responsabilidad no dejar quedar en mal lugar a ese señor cuyos amigos me tratan con tanto afecto. Porque, además, los amigos, y conviene insistir en ello, no son solo aquellos que frecuentan nuestro trato: de hecho, y por extraño que les parezca, yo soy muy amigo de gente que vivió mucho antes de que ustedes y yo llegásemos a este mundo; gente, y esto es solo un ejemplo, que escribió cosas que me han ayudado a seguir caminando en momentos muy difíciles. Así que cuando los amigos de ese señor misterioso me preguntan sobre cosas que tienen difícil respuesta, o cuando quieren conocer mi opinión —en realidad no la mía, matizo, sino la del señor al que me debo de parecer tanto— sobre cuestiones de las que nada sé, procuro salir del paso contestando lo que me dicta el sentido común, que es un sentido que conviene cuidar mucho, porque antes o después nos va a hacer falta.

Estos días pienso en ello con frecuencia, mientras leo un libro que me tiene absolutamente fascinado: Un corazón furtivo, vida de Josep Pla, del que es autor Xavier Pla, y que acaba de publicar Destino. Como ya alguna vez he comentado, otra de las cosas que me han sucedido conforme el tiempo ha ido pasando es que he visto, y no precisamente con satisfacción, cómo la obra de algunos de los autores del siglo XX a los que más admiro envejece mal. Pero ese no es, precisamente, el caso de Josep Pla, sino todo lo contrario: la escritura del autor de El cuaderno gris se agranda conforme el paso de los años la va poniendo a prueba, y a mí me parece que hoy podemos afirmar, sin caer en la exageración, que en verdad Josep Pla pertenece a la estirpe del Señor de Montaigne, a quien él —y todo sea dicho de paso— tanto admiraba. Les recomiendo vivamente la lectura de Un corazón furtivo, vida de Josep Pla. Como les recomiendo leer también, sean creyentes o no, la lectura de Dios: una historia humana, de Reza Aslan, que en España publica Taurus. Un libro, este último, que me acaba de regalar otro amigo muy querido, Javier, que es una de esas personas de las que uno aprende algo nuevo todos los días.

(Hablando de gente extraordinaria, permítanme comentarles que el miércoles me encontré con otro amigo más, con Vargas, que me recordaba un paseo en barca que dimos por la ría hace tiempo para fotografiar desde el mar el barrio de Caranza, un barrio al que también yo le quiero mucho. Empezamos a echar cuentas, y vimos que desde aquel paseo en barca han pasado casi cuarenta años).

Servidor de ustedes vino a este mundo, tal día como hoy, cuando por Escandoi aún se paseaban, casi a cualquier hora, pero especialmente por la noche, toda clase de seres del Trasmundo. Aquel fue un siglo muy diferente. Menos mal que nos quedan los recuerdos y los libros. Y los amigos, claro.