Escuchar los corazones

Nona Inés Vilariño MI BITÁCORA

FERROL CIUDAD

16 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Quizá parte de una generación ha perdido el tren digital que, con el pretexto de la pandemia, mientras millones de viajeros aún iniciaban un aprendizaje, nada fácil, que les permitiese navegar los mares de su obligada soledad en una compañía virtual, que parecía la única posible. Circunstancia que agravó un aislamiento que hace invisibles a miles de personas que no pueden superar los obstáculos de la vida cotidiana que parece desarrollarse a sus espaldas, sin reparar en quien se queda atrás. Y en esa situación estamos. El mundo parece girar sobre ese pequeño monstruo (que está a punto de jubilar al ordenador) en que se ha convertido un aparatito sin corazón que lo puede casi todo (cobrar, pagar, estafar, etcétera), con solo dominar el pequeño espacio de su teclado y conocer así las infinitas posibilidades que se abren con solo asomar el rostro a su pantalla. Pero la técnica no ha podido conseguirle un corazón que se escuche por encima de tanto mensaje, de voz o escrito, que va consiguiendo, poco a poco, crear un lenguaje de memes y medias palabras, que deja por el camino tanta riqueza lingüística y tanta emoción en beneficio de su sintético y cutre diseño. Pero todo esto es solo una hipérbole. Un grito silencioso para pedir que se escuche el latido de miles de corazones, que sufren a la espera de que algo impulse sus latidos: unas manos que se ofrecen; una voz sin enlatar que atienda su llamada; una mirada que calme su dolor; un cheque de atención inmediata a la salud mental que se quebró en la espera. Pero para eso hay que apagar, de vez en cuando, el móvil. Y, en la paz del silencio, descubrir quién nos llama al otro lado de la puerta.