Del sector industrial a la enseñanza: «Antes me sentía frustrada y ahora soy feliz»

BEATRIZ ANTÓN FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Marta Sixto, retratada a las puertas del IES Sofía Casanova de Ferrol
Marta Sixto, retratada a las puertas del IES Sofía Casanova de Ferrol CESAR TOIMIL

Al filo de los 50, la ferrolana Marta Sixto decidió dejar un trabajo estable y un buen sueldo por seguir su vocación. En menos de un año sacó la oposición y ahora da clases en el IES Sofía Casanova

10 dic 2022 . Actualizado a las 10:38 h.

«Yo ya no juego a la lotería porque ya me tocó». Con una sonrisa de oreja de oreja, Marta Sixto, ferrolana de la cosecha del 74, no puede ocultar lo feliz que se siente por haber conseguido al fin su gran sueño: ser profesora de matemáticas. Durante nueve meses compaginó su trabajo en una empresa del sector industrial con jornadas maratonianas en la biblioteca, en julio aprobó la oposición y desde el pasado mes de septiembre forma parte del cuadro docente del IES Sofía Casanova de Ferrol: «Doy clases de matemáticas en primero de la ESO y de física en segundo», comenta entusiasmada.

Marta es un claro ejemplo de que nunca es tarde para cambiar de rumbo y buscar nuevos horizontes profesionales, «aunque parezca que la vida ya está hecha y te sientas como una abuela en la academia de preparación de oposiciones», apunta entre risas. Pero ella lo tenía claro desde hacía mucho tiempo. «Yo hice bachillerato en la filial de Canido y ahí ya sabía que quería ser profesora de matemáticas. Lo que ocurre es que se me daban muy bien las ciencias y mi familia me convenció para que estudiase Ingeniería Industrial, porque lo veían como algo con más salidas», relata.

Así que, desoyendo lo que le decía el corazón y haciendo caso a lo que le dictaba la cabeza, Marta puso rumbo a la Universidad de Vigo y se sacó la licenciatura por la rama de Organización. «No me gustó nada la carrera y me costó un montón sacarla adelante, porque era muy difícil», reconoce. A pesar de ello, tras titularse fue encadenando trabajos relacionados con su grado de ingeniera en el sector industrial, casi todos como responsable de producción, hasta que en el 2006 entró en Detegasa, una firma de equipamientos navales ubicada en el polígono naronés de Río do Pozo. «Al principio llevaba temas de producción y después me hicieron directora de Recursos Humanos, que era lo que más se aproximaba a lo que a mí me gustaba», explica.

Visto desde fuera, Marta lo tenía todo: un trabajo estable con un puesto de responsabilidad y un buen sueldo. Pero ella sentía que aquel no era su sitio. «No me levantaba llorando, pero tampoco iba feliz al trabajo. Siempre estaba deseando que llegase el fin de semana o las vacaciones para no tener que ir», explica sobre lo que sentía cada mañana.

La idea de convertirse en profesora siempre había estado ahí, pero no se sentía capaz de intentarlo. «Como sacar la carrera me había costado tanto trabajo, no me veía capacitada para ponerme a estudiar de nuevo», reconoce. Pero hubo un «clic» que le hizo cambiar de idea. En el año 2021 comenzó a colaborar con Cáritas dando clases de refuerzo escolar a niños de familias sin recursos y la experiencia le gustó tanto que se decidió a dar el paso. «Lo disfruté tanto que me sentí con fuerzas para empezar a preparar las oposiciones», apunta Marta. Además, tenía como referente el caso de su hermano Belisario, un titulado en Derecho que un buen día decidió colgar la toga y se sacó tres oposiciones: «Primero como funcionario de prisiones, después como profesor de FOL y finalmente como inspector de Educación. Él me animó muchísimo y siempre me decía que con que hubiese una plaza para mí, ya era suficiente».

El 18 de septiembre Marta se puso a estudiar la oposición y hasta el 18 de julio no paró. «De siete a tres iba a trabajar y luego me metía en la Biblioteca de O Patín hasta las nueve y media de la noche. Los sábados por la mañana iba a la academia y el sábado por la tarde y los domingos seguía estudiando. Solo descansé el 25 de diciembre y algún que otro día suelto», detalla sobre el esprint académico que vivió el último curso. Pero, al mismo tiempo, asegura que lo disfrutó muchísimo. «¡Es que me encantan las matemáticas y me gustó mucho volver a estudiarlas!».

El 9, su número de la suerte

Marta cuenta que un mes antes del examen le entró el pánico —«llegaba a casa llorando todos los días y me daba la impresión de que se me había olvidado de todo y no sabía nada»—, pero el día de la prueba todos esos nervios se desvanecieron. «Me tocó el tema 9, que era el de los números complejos y el que mejor me sabía de todos, me examiné el día 19 y fui la opositora número 91. Desde entonces soy supersticiosa y el 9 se ha convertido en mi número de la suerte», apunta sonriente.

Su intuición le decía que tenía asegurado el aprobado y no se equivocó. La papeleta de apta llegó el 18 de julio y el 31 de ese mismo mes se despidió de su trabajo en Detegasa. «Mis compañeros y mi jefe se portaron genial, unos meses antes ya les había dicho que estaba preparando oposiciones y lo entendieron perfectamente», dice agradecida Marta, que tampoco se olvida de mentar a su marido, a su hijo Cibrán, al resto de la familia, a sus amigos y a su preparador Maikel por todo el apoyo recibido. «Todo el mundo creyó en mí y eso me dio mucha fuerza», asegura.

Por eso no duda en animar a quien esté pensando en dar un golpe de timón a su vida laboral a dar el paso, aunque, como ella, se encuentre ya al filo de los 50. «Es posible, porque yo lo he conseguido y no soy especialmente lista y me cuesta estudiar, pero creo que todo eso se puede suplir con ganas y voluntad. Durante 24 años me sentí frustrada trabajando en algo que no me llenaba y ahora soy feliz por poder vivir de mi vocación».