Emocionarse

Ramón Loureiro Calvo
Ramón Loureiro CAFÉ SOLO

FERROL CIUDAD

Ramón Loureiro

01 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Sigo creyendo que hay algo inaprensible, pero decididamente hermoso, en la capacidad de emocionarse ante los pequeños —o no tan pequeños— regalos que la vida nos hace cada día. Como creo, también, que esa emoción es una forma de dar las gracias —aunque a menudo sea inconscientemente— a quien nos habla, sin alzar la voz, desde el inmenso misterio que nos rodea. Quien se conmueve —pongamos, a modo de ejemplo— al reencontrar una carta, de ingenua caligrafía, que creía haber perdido para siempre, quizás le está agradeciendo al cielo el milagro de haber detenido el paso del tiempo. Y quien siente asomar una lágrima frente al Océano —lo digo por citar otro ejemplo más—, mientras desde San Andrés de Teixido ve marchar el sol, quizás haya sido capaz de intuir que, a través de su corazón, allí se abre la invisible puerta que une dos mundos. No sé a ustedes, pero a mí me emociona escuchar el sonido de las campanas, que trae consigo el viento. Y ver, al emprender una nueva relectura del Quijote, que a estas alturas de la vida Cervantes ya es, en efecto, más que un escritor, un viejo amigo. También me emociona que en la Galicia do Norte recobren la vida caminos que en algunos casos parecían haber caído en el olvido para siempre. Caminos, todo sea dicho de paso, que no solo avanzan a través de los mapas, sino que enlazan la tradición con la esperanza y unen los sueños a los recuerdos. Caminos que, envueltos en las magias de la literatura, nos llevan, bajo el Río Blanco del Firmamento, a través de nosotros mismos, a Cedeira y a As Pontes, a Abadín y a San Sadurniño, a las Fragas del Eume y a Xermade, a Ortigueira y a Neda, a Ferrol y a Mondoñedo. Caminos de poetas.