Escarabajos

Pepe Varela FAÍSCAS

FERROL CIUDAD

31 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El calor veraniego obliga a algunos impenitentes caminantes a procurarse rutas alternativas a las habituales de la primavera y el otoño. Recorridos a resguardo del sol que ciertos días de este año mordisqueaba el cogote. En una población pequeña como es Ferrol no resulta complicado curiosear por el extrarradio para explorar sendas con piso de tierra que discurren entre arboledas de robles, alisos, pinos, laureles y eucaliptos, cuya fronda proporciona sombra y frescor aun en las horas más tórridas. Un área de pistas que se entrecruzan es la comprendida entre las carreteras de Catabois y San Mateo por el este y la de Mandiá por el oeste, un valle a veces bárcena y a veces gándara y siempre un regajal que hace de cuenca de recepción del río da Sardiña. Son senderos musicados por el persistente y descarado gorjeo de aves, y el ladrido lejano de algún can importunado. Con suerte es posible avistar no ya puercos bravos o corzos, tan frecuentes, sino tejones y hasta algún mustélido mediano que fascinan al urbanita que se adentre en la fraga. Y allá en lo más íntimo e intrincado de la braña, en el corazón de las tinieblas conradianas, en el lugar más recóndito del bosque, ahí luce en todo su esplendor el escombro de alicatados domésticos, el colchón de muelles con orines, el tresillo espanzurrado, la carcasa del televisor de tubo, la mesilla coja, el triciclo del niño que ya es papá, la vieja nevera, la lavadora… transportado hasta allí con el delicado y meticuloso esfuerzo del que solo son capaces los cafres, los muy cafres de entre los cafres. No hay rincón de la comarca fuera del alcance de este subtipo humano hiperactivo como un escarabajo pelotero.