Las alcantarillas de la Ilustración

José Picado ESCRIBANÍA DE MAR

FERROL CIUDAD

12 may 2022 . Actualizado a las 16:47 h.

Levantaron el pavimento de la calle Pardo Bajo y encontraron las alcantarillas de la Ilustración. ¡Claro, y qué otra cosa podrían encontrar! Si la obra se realizase en Lugo aparecería un mosaico romano y si fuese en Ourense saldría un chorro de agua termal a setenta grados. Pero la calle Pardo Bajo está en Ferrol, en un añadido del barrio de la Magdalena en su unión con las Angustias y Esteiro.

Y en Ferrol si haces un agujero o te encuentras con la Ilustración o no encuentras nada.

Al parecer las alcantarillas y el enlosado de la calzada datan del último tercio del siglo XVIII, época del mandato como Alcalde Mayor y Corregidor de Eugenio Manuel Álvarez Caballero y Cornás, asturiano, magistrado, político y hombre de confianza de los insignes Jovellanos y Campomanes, nada menos. Se dice que fue este último quien le tomó bajo su protección y le destinó a Ferrol entre 1783 y 1787 (en otros lugares figura hasta 1790). Aquí, don Eugenio Caballero que así le mencionan los textos asturianos, gobernó una villa de 25.000 almas con más carencias que bondades. El historiador Alfredo Martín cree que este período supuso un punto de inflexión en el desarrollo de las infraestructuras urbanas. Álvarez Caballero mejoró el alcantarillado y el abastecimiento de aguas, dotó a la villa de escuela pública y cátedra de latinidad, matadero, secadero de pieles, delegación de comercio, así como de cirujano y médico. Mandó fijar carteles con los nombres de las calles y los números de las casas, patrocinó el nuevo hospital y, en sus bajos, un hospicio para mendicantes. Dictó bandos en los que incidía en la necesidad de mejorar la higiene, obligando a los vecinos a la limpieza del frente de sus casas, no amontonar estiércol de animales, no tirar inmundicias ni despojos y otras cuestiones de similar naturaleza. Fue, dicen sus biógrafos, un «exponente ideal de funcionario del absolutismo ilustrado», cosa que demostró en su periplo ferrolano y después como alcalde de casa y corte en Valladolid, fiscal del Consejo Supremo de las Órdenes Militares y miembro del Consejo Real en el Escorial, donde murió en 1808.

Eugenio Manuel Álvarez Caballero y Cornás, Alcalde mayor y Corregidor en el Ferrol dieciochesco, continuó la labor de los ingenieros Montaigú, De la Croix, Llobet, Marín, Jorge Juan y, especialmente, Sánchez Bort. Trajo al Departamento del Norte lo mejor de las prácticas higienistas que se hacían en España, en un momento en que la administración del Estado estaba decaída, necesitada de aires reformistas e ilustrados.