El parque del Montón en Ferrol sigue a la espera una década después

FERROL CIUDAD

Los vecinos piden una solución definitiva al deterioro del recinto concebido como un parque botánico

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Mide como cuatro campos de fútbol. Y su millar amplio de árboles reúnen tantas especies distintas como el Reina Sofía, los jardines de Herrera y la plaza de Amboage juntos. Sin embargo, a esta gran área natural llamada a ser el gran pulmón verde de Caranza, le cuesta respirar. Sus 28.000 metros cuadrados de riqueza botánica son pasto del abandono. El recinto aguarda desde hace más de una década una intervención que permita su puesta en valor y, sobre todo, que se convierta en un verdadero lugar de esparcimiento.

Su estado actual está muy alejado del parque botánico que se preveía hace tres mandatos. Y eso que en él se invirtieron más de 700.000 euros, para sufragar acciones formativas que contribuyeran al acondicionamiento del recinto. Ese dinero se ha perdido. Los obradoiros Ferrol Verde, organizados por la Xunta y el Concello, sirvieron para formar a personas en el ámbito de la jardinería. Y su labor sirvió para hacer plantaciones, instalar un invernadero, crear senderos por la parcela, colocar carteles indicativos e informativos de algunas especies, entre otras acciones.

Pero ahora todo ese trabajo se encuentra arruinado. Y los vecinos consideran también desperdiciado lo gastado en sucesivas limpiezas y desbroces para acabar con la maleza que todo lo dominaba y que periódicamente reaparece. En este mandato se hicieron dos, señala la presidenta de la Asociación de Vecinos de Caranza, María del Pilar Rodríguez Venancio, todos después de que la entidad protestara por el estado de este parque. «A los quince días vuelve estar intransitable», asegura. «Es una pérdida de dinero. ¿Para qué lo van a desbrozar si no lo abren al público?», se pregunta.

Portalón robado sin reponer

El parque está abierto, pero a la fuerza. El cierre ya se encontraba roto antes. Pero además, en 2018 robaron el portalón del principal acceso, y el Concello nunca lo repuso. A pesar de que las instalaciones nunca se inauguraron y su estado disuade, el recinto es utilizado a diario por vecinos que acuden a pasear. Pero la entidad vecinal advierte de que su estado, su ubicación y la falta de visibilidad por los árboles del interior del recinto favorece también la inseguridad.

Actualmente no hay okupas. Los hubo, pero el Concello se vio obligado a tapiar las pequeñas construcciones en ruinas que eran utilizadas por algunas personas para pernoctar. En alguna de las ventanas, los ladrillos se encuentran hundidos, señal, asegura la presidenta vecinal, de nuevos intentos de acceso.

El actual alcalde, Ángel Mato, era concejal de Urbanismo cuando en 2010 el entonces gobierno presidido por el socialista Vicente Irisarri anunciaba la futura creación de un jardín botánico en estos terrenos. El impulso a este recinto fue siempre un empeño casi personal del ahora regidor. Siendo candidato, aseguraba que quería trasladar allí el Aula de Ecoloxía Urbana que ahora está en el Cantón. Y que este parque sería la prioridad para el PSOE en la recuperación de espacios verdes. Han pasado dos años de mandato y «la situación del Montón no se puede dilatar más», advierte Rodríguez Venancio, que esgrime: «No queremos nada raro, solo que se limpie, se pongan unos bancos y que la gente pueda ir allí a pasear o a leer».

Desde el gobierno local se están evaluando «diferentes posibilidades» para llevar a cabo un proyecto de recuperación de la zona. Es una actuación que el ejecutivo local, sostiene, «no pierde de vista» y que tiene intención de abordar «una vez se empiecen a materializar otras intervenciones de gran importancia para el barrio en las que ya se está trabajando, como son el parque de Fontelonga o el de personajes populares», actuaciones que recoge el borrador presupuestario.

Tres hectáreas con la mayor riqueza botánica de la ciudad

El actual parque del Montón ocupa cuatro fincas anexas de titularidad municipal, que fueron expropiadas por la Xunta y transferidas al Ayuntamiento en compensación por el desarrollo urbanístico de O Bertón. Ocupa 2,8 hectáreas y se extiende por el 40 % de la península del Montón. Y su riqueza botánica, la mayor de la ciudad, fue acreditada por un estudio encargado hace una década a la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), que documentó la existencia de 58 especies diferentes entre los más de mil árboles existentes. Entre ellos, se encuentran dos tejos que se consideran de gran valor, un boj de más de cuatro metros de altura y también grandes laureles. Y también árboles frutales, por lo que con frecuencia se adentran personas a por manzanas y, en otoño, a recoger castañas.

En los últimos años hubo sucesivos compromisos de abrir al público el recinto, que se incumplieron; el último, fue el de hacerlo a lo largo del 2016.

Nuevos bancos y mesas para pícnic en el paseo

A la espera de que llegue la intervención en el Montón, en el barrio continúan otras pequeñas actuaciones. Así, está previsto que durante esta jornada se instalen en el parque Carmelo Teixeiro, en el paseo marítimo, nuevos bancos y mesas de pícnic, de tipo antivandálico, construidos de un material plástico que imita la madera. Los elementos que se retiren serán reparados y la intención, apunta la asociación de vecinos, es colocarlos en la zona baja del paseo.

Así está el parque ferrolano del Montón

El declive del parque del Montón en Ferrol

Rocío Pita Parada

Debería ser el gran pulmón urbano de Ferrol, un parque lleno de árboles y grandes extensiones de hierba, con huertos urbanos y un jardín botánico distribuidos por sus 28.000 metros cuadrados de terreno. Un recinto abierto en el que los ferrolanos pudiesen disfrutar de aire puro a pesar de su proximidad a la transitada avenida de As Pías. Pero el del Montón, en Caranza, dista mucho de esa imagen bucólica.

En su lugar, el invernadero habilitado por los trabajos de diversos talleres formativos realizados en los últimos años muestra los plásticos destrozados y el único cultivo que alberga es la maleza y las zarzas que crecen hasta el techo en el interior. Piedras apiladas, obras sin terminar en un edificio sin cubierta y enseres y basura de todo tipo se acumulan en el interior de otras tres pequeñas construcciones, donde en alguna de ellas pernoctan personas ante la pasividad municipal.

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