Ferrolterra, Eume y Ortegal

FERROL CIUDAD

06 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En lo alto del Coto do Rei, que corona los montes de Marraxón, uno siente, al ver marchar el sol, que la eternidad es un país que no está tan lejos como a veces creemos. Y otro tanto sucede en Breamo, en Montefaro y en Chamorro, por citar solo tres ejemplos de enclaves de una formidable belleza que a la hora del crepúsculo invitan a aguardar, como quien presencia un milagro, por la aparición, donde Europa comienza, del Río Blanco del Firmamento: de esa Vía Láctea que, con el resplandor de las estrellas, nos señala el Camino de Santiago desde el cielo. Allí, al Coto do Rei, volví el jueves, mientras se terminaba el día. Y desde donde se encuentran los restos del túmulo megalítico que sirvió de lugar de enterramiento a quienes habitaron la Tierra de Escandoi cuando Roma y su imperio no existían ni siquiera en los sueños, me quedé un rato contemplando la ría de Ferrol, en cuyas gradas se construyeron, como nadie ignora, algunos de los mejores barcos del mundo, formidables navíos nacidos de unos astilleros repletos de talento que hoy deberían seguir siendo uno de los grandes motores económicos de Galicia. Tienen razón quienes dicen que el mañana no está escrito. Eso es evidente. Pero precisamente por ello, porque el futuro está todavía sin escribir, ya va siendo hora de ir escribiéndolo. Sin más demoras. Y, a poder ser, con buena letra. Pero para que eso suceda es imprescindible que quienes tienen el poder de tomar las decisiones que determinan el rumbo de un país entero adopten por fin las medidas necesarias para lograr que Ferrolterra pueda encarar el futuro con paso firme y con garantías. El sector naval debe volver a ser, en la ría de Ferrol, lo que fue históricamente en los momentos en los que se le permitió brillar como sabe hacerlo. Tiene derecho a ello. Y para que eso ocurra es preciso que quienes toman las decisiones vuelvan a apostar por esos astilleros. Sin reservas. Por esos astilleros -que se han ganado un lugar de honor en la historia-, y también, por supuesto, por el sector industrial en su conjunto. Sin olvidarse tampoco, obviamente, ni del sector del comercio, ni de la producción agroganadera, ni de la protección del patrimonio cultural y paisajístico, ni de la pesca. Y eso, si me permiten, quiero subrayarlo. Porque el futuro es de todos, y cuando hablo de Ferrolterra hablo también, como es natural, de las tierras del Ortegal y del Eume. Siempre.