Regalar vida

Nona I. Vilariño MI BITÁCORA

FERROL CIUDAD

25 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La de hoy es una bitácora delicada. Porque hay líneas rojas que no debe sobrepasar. Una de ellas, convertir lo que pretende ser un gesto de amor, y entrañable agradecimiento, en motivo de especulación sobre la decisión de hacerlo públicamente. Pero esta columna está bendecida. Porque nace en el corazón de mi querida Laly que acepta, cuando ya vive en ella un riñón de Begoña, entrar en esta bitácora para decirle al mundo, que vive porque su amiga del alma decidió que prefería «asumir el riesgo de la donación antes que perderla». Gestos como este son más frecuentes de lo que conocemos. Pero cada historia es singular. Y lo mismo que los dramas televisados envuelven nuestras vidas sin pedir permiso, las historias de amor con final feliz, y esta lo tiene, solo sobrevuelan, muy de tarde en tarde, las horas de información y opinión, como pájaros de efímero vuelo hacia el olvido. Begoña es algo más que una fugaz heroína. Su generosa entrega y la normalidad que le da a la situación son un mensaje de esperanza, pero también bocanada de aire limpio a los donantes anónimos, que siembran vida, a veces arriesgando la suya, como puede ocurrir en una pandemia. Laly, Begoña y sus familias vivieron este proceso con el corazón en la mano para dar y recibir. Algo de una vive ya en la otra y le da vida. Y su apuesta, valiente por lo delicada y arriesgada para las dos (no solo medicamente, también en lo emocional) nos enseña el rostro más hermoso del alma de quienes entregan al otro lo más valioso de si mimos. Ellos son la sal de la tierra. La esperanza de un mundo mejor, con el amor como bandera.