La ruta selfi


Seis postes selfi, seis. Como en los carteles de las corridas de toros. Seis postes para hacerse cómodamente una foto, aunque con trampa, son los que colocó el gobierno de la ciudad naval. El avisado turista o el vecino de toda la vida podrán hacerse un selfi (selfie, autofoto o autorretrato, según los gustos) apoyando su dispositivo fotográfico -móvil o cámara- en un chulísimo poste de 2.000 eurillos de nada, pero eso sí, con un escenario de fondo inamovible. He aquí la trampa. Digamos que a cambio de que no se le disloque el hombro al autorretratado tendrá que apechugar con las vistas de un Ferrol orgulloso, ensimismado y casi eufórico (es broma). La ruta selfi, para la que no estaría de más hacer una cartilla como la del camino a Compostela, por ejemplo, tiene seis estaciones: los tilos de Armas con un edificio al fondo un tanto destartalado, Amboage, Herrera con el paisaje industrial más bonito del mundo según Torrente Ballester , el puerto de Curuxeiras, el Jofre y el Auditorio. Los dineros no dan para más, según parece, y no habrá posibilidades de tener postes selfi delante de la lancha de Mugardos, el mascarón de proa del Galatea, la estatua de Canalejas ni el monumento homenaje a los héroes de Brión. Qué le vamos a hacer.

El caso es que con esta ruta de los postes selfi el departamento marítimo ya tiene algo de lo que presumir. Una vez más. Es la primera ciudad gallega que coloca semejantes dispositivos desparramados por sus calles. Y ya era hora de que Ferrol fuese de nuevo la primera en algo distinto a ser la ciudad más envejecida, con mayor tasa de paro y presentar el padrón de habitantes más menguante. Qué lejos queda aquello de contar con la primera Alameda, uno de los primeros cementerios de España, ser la cuna del fútbol y los scouts y tener los primeros velocípedos, la primera en instalar galerías en las viviendas, y la de tener la mayor colección de anclas del mundo, la que primero tuvo telefonía sin hilos, y el primer teatro estable, y casas de baños flotantes, y ser los más adelantados en avances médicos e higiénicos, la única capaz de construir doce navíos en tan pocos años, la primera en cabeceras de prensa, cafés y sociedades de recreo, y hasta la primera en población de toda Galicia.

Las posibilidades de la ruta selfi son infinitas. Se podrán hacer carreras a ver quién consigue las seis fotos en menos tiempo; se podrán canjear por las 1.500 pesetas de Amboage si el autorretratado es nativo e incluso, en caso de interés, podrían cambiarse por las seis primeras millas del camino inglés a Santiago, ahora que estamos en años xacobeos. En poco tiempo su éxito será mayor que el de las rutas del Modernismo, las Meninas y la construcción naval. O tal vez no.

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