Rosina Rubio: «La pastelería no puede renunciar a su esencia, pero debe renovarse siempre»

Ramón Loureiro Calvo
ramón loureiro FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Rosina Rubio, en su confitería
Rosina Rubio, en su confitería CESAR TOIMIL

Afirma que «en los momentos de crisis, surgen oportunidades inesperadas»

26 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Rosina Rubio Río (Ferrol, 57 años), hija del escultor y confitero José Rubio Gascón, es la propietaria de la pastelería Gascón de la carretera de Castilla. Y es, sobre todo, la heredera de una tradición que, alrededor del mundo de la repostería, su familia inició en Ferrol en el año 1904. Su bisabuelo, Francisco Gascón Gaspar, llegó a Ferrol, desde su Zaragoza natal, a comienzos del siglo XX, y en el ya citado año de 1904 ya se había «establecido» en los bajos del hotel Ideal Room. Diez años más tarde abrió, en el Cantón de Molins, un nuevo establecimiento, el Ideal Petit. Así comenzó todo. Y Rosina Rubio lo cuenta con una voz en la que se mezclan, además de una cierta emoción, el afecto por sus propias raíces y el orgullo de las cosas bien hechas. Reconoce que la crisis económica desatada por el coronavirus ha golpeado con fuerza, también, a su sector. De hecho, su familia ha tenido que paralizar la actividad del centro de formación vinculado a su establecimiento, y no sabe cuándo lo reabrirá de nuevo. Pero su pastelería, contra viento y marea, sigue tan activa como siempre.

-Momentos duros.

-Duros, no. Durísimos. La crisis nos ha hecho muchísimo daño a todos, pero nosotros no somos de los que se rinden fácilmente. A las dificultades hay que mirarlas cara a cara, apostando por la creatividad para poder seguir adelante, y tener verdadera confianza en el futuro.

-¿Cuál es su proyecto más inmediato?

-Seguir innovando. La pastelería no puede renunciar a su esencia. Pero, al mismo tiempo, debe renovarse siempre. Eso es algo que siempre hemos tenido muy claro mi marido y yo, que al frente de esta casa creo poder decir que formamos un equipo perfecto. Sabemos muy bien cuál es el peso que ha de tener la tradición, pero también queremos ofrecer cosas nuevas.

-¿Y en unos momentos como estos...?

-Pues en estos momentos, sin renunciar a seguir haciendo la pastelería que es nuestro sello de identidad, hemos querido crear otras cosas. Por ejemplo, productos envasados, fáciles de llevar y fáciles de conservar. Hemos creado nuevas cremas, productos muy untables, y nos hemos esforzado mucho para poder ofrecerles a nuestros clientes algunos sabores completamente renovados. Por ejemplo en torno a las jaleas, o a los postres en vaso.

-¿Qué productos se han visto más afectados por la caída de las ventas?

-Básicamente, los que tienen que ver con las grandes celebraciones. Las tartas, sin ir más lejos. Algo fundamental en nuestro sector. Nosotros pasamos de tener en algún momento una treintena de bodas contratadas a no tener absolutamente ninguna. Nada. Pero en los momentos de crisis también surgen oportunidades. Algunas inesperadas. ¿Sabes qué se está viendo ahora más que nunca?

-No...

-Bombones. Nunca se habían vendido tantos bombones como ahora. Y es algo que va a más.

«Muchos de nuestros clientes lo son de una vida entera, y eso es maravilloso»

 

«Muchos de nuestros clientes -dice Rosina Rubio- lo son de una vida entera, y eso es algo absolutamente maravilloso, porque ves que tú ya formas parte de la vida de esas personas, y esas personas forman parte de tu vida, también. Por eso -añade- para nosotros es tan importante saber estar siempre a la altura de las circunstancias, y no defraudar jamás a quienes confían en nosotros. Porque la pastelería -recalca- es un arte pensado para que la gente pase momentos felices, y no puedes fallar».

-Que una casa tenga más de cien años de tradición a sus espaldas debe dar a veces un cierto vértigo, imagino...

-Son 117 años. Ser la cuarta generación de una familia que lleva más de un siglo volcada en una actividad tan exigente como es la pastelería es algo que conlleva una responsabilidad que siempre está ahí, por supuesto. Tienes que tener las ideas muy claras. Saber de dónde vienes... y a dónde vas. Además, el comercio local es una parte importantísima de la vida de una ciudad. Yo diría, incluso, que a una ciudad, el comercio local le da vida. Mucha vida. Cuando en una ciudad empiezas a ver bajos comerciales cerrados, algo va muy mal. Y en Ferrol, por desgracia, se ven muchos bajos cerrados y vacíos en estos momentos.

-Una pastelería es, por mil razones, un establecimiento muy especial.

-¡Muy, muy, muy especial...! La gente viene aquí, y a veces surgen conversaciones extraordinarias. Hay ocasiones en las que uno hasta tienen que hacer un poquito de psicólogo. Tenemos la suerte de trabajar en un entorno muy agradable. Una pastelería es un lugar en el que, de una forma o de otra, la alegría siempre hace acto de presencia. Por suerte, siempre ha sido así.