El «sastre» que viste a las policías locales de media Galicia

ANA F. CUBA FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Manuel Seijas, en su taller, en el bajo de su vivienda, rodeado de uniformes y escudos de las policías locales con las que trabaja
Manuel Seijas, en su taller, en el bajo de su vivienda, rodeado de uniformes y escudos de las policías locales con las que trabaja

El ferrolano Manuel Seijas Murujosa suministra uniformes y complementos a los agentes de más de 30 ayuntamientos de toda Galicia desde su taller de Vilarmaior

25 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Si Manuel Seijas Murujosa fuese un modisto de renombre, se diría que los agentes municipales gallegos visten de Maseimu, la marca comercial de este ferrolano de 63 años -«recién cumplidos», precisa-, que, desde Vilarmaior, diseña los patrones y corta las piezas que componen los uniformes de decenas de policías locales, hombres y mujeres, tanto los de uso diario como los de gala. Él no se reconoce como sastre, aunque aprendió el oficio «de un verdadero sastre, de los que no quedan», el santiagués Jesús Alvarellos, que trabajó durante un tiempo con Seijas y su entonces socio en Gallega de Uniformes, la empresa que crearon en 2003. Este «buen amigo» le enseñó a hacer patrones y a manejar la máquina de coser, en los ratos libres que tenía en el taller.

Cuenta que nació en la calle San Salvador, «cerca del antiguo estadio Manuel Rivera», y con siete u ocho años se mudó con su familia a Santa Marina de Villar. Entre otros trabajos, en Ferrol pasó por una fábrica de confección; y con 26 años se fue a vivir a A Coruña, donde entró en el departamento de compras de un gran centro comercial, que suministraba uniformes a las policías locales o material textil para hospitales. Aquella fue su escuela: «Llevo muchos años entre tejidos, los conozco, al tacto puedo distinguir si es algodón, poliamida, poliéster de algodón...».

Acabó «hastiado» de aquel empleo -«las empresas las hacen las personas y las que tenían el mando dejaban mucho que desear»-, se marchó y montó, con un compañero, Gallega de Uniformes. «Nos iba muy, muy bien, pero apenas teníamos liquidez, dependíamos de los bancos, llegó la crisis, empezaron a cerrarnos e grifo y tuvimos que cerrar», repasa. Así, en 2011 puso en marcha un nuevo proyecto, Maseimu Vestuario, una sociedad limitada dedicada, en exclusiva, a proveer de ropa y complementos a las policías locales de casi toda Galicia. «A Ourense no voy, me llega con lo que tengo, y tampoco quiero hacer mucho más», dice.

Entre sus clientes figuran los concellos de A Coruña, Vigo, Lugo, Narón, Cedeira, Valdoviño, Mugardos, Ares, Cabanas, Culleredo, Cambre, Noia, Rianxo, Monforte, Viveiro, Burela, Cervo, Friol, Chantada o Xove. Hasta más de 30 ayuntamientos confían en Seijas la vestimenta de sus guardias. «Una vez que me lo adjudican [tras valorar su presupuesto o superar el concurso, en función del montante del encargo], primero les tomo las medidas [a los policías] y corto las prendas, y después mando las piezas a ensamblar a dos talleres, uno de Carballo y otro de Altamira [Cambre]», explica.

«El chico del reparto»

«Cuando están confeccionados los recojo, los reviso, los embolso, les pongo el nombre del agente y llamo al chico del reparto, que también soy yo [risas], y los entrego. Me gusta llevar las prendas, si hay algún problema quiero saber cuál es y solucionarlo. Los prueban, y si está perfecto ya me voy con la satisfacción del trabajo bien hecho», describe. Un decreto de la Xunta define las características de la uniformidad de los policías locales. «Las variaciones vienen por los escudos y la calidad de los tejidos, que el polo sea más transpirable o menos, que las prendas de invierno tengan más o menos gramaje, más o menos afelpado...», señala.

Un uniforme completo (sin chaleco antibalas, con calzado y gorra) ronda los mil euros. «Después del chaleco, la prenda más cara es el anorak, que tiene que ser muy bueno para aguantar cualquier aguacero y muy transpirable», comenta. Con los trajes de gala se esmera: «Aparte de cariño hay que darles mimo, lo van a poner dos o tres veces al año, y cuando lo llevan tiene que ser representativo, como en las bodas ‘¡qué guapa va la novia!'».

Si «a base de paño aprende el sastre», como reza el dicho, queda claro el oficio de este hombre afable, entregado a su trabajo -«cuando te gusta, como a mí, lo haces con cariño, y no lo consideras tal»-, que madruga a diario para salir a correr -«es la única manera de desconectar y no coger kilos»- y lee un buen rato antes de dormir, casi siempre «libros novelados, con base histórica, los más amenos». El sueño del olivar. Una historia de Palestina, de Deborah Rohan, es el que le atrapa estas noches.

Chalecos antibalas personalizados y armas paralizantes con cámara

En el taller de Seijas suena la radio, y cuando se cansa de las noticias, la música de Eagles o Creedence, sus bandas favoritas. A este sastre le gusta el country y toca la guitarra. Aparte de los uniformes a medida, vende todo tipo de prendas para las policías locales, desde polos a ropa interior -«hay camisetas o bragas de cuello con protección al corte»-, botas, gorras o bastones (extensibles, de defensa). El complemento más caro que distribuye es el chaleco antibalas: «Ronda los 500 euros [...]. Los traigo de Israel, porque son los mejores, muy flexibles, muy dúctiles, se adaptan perfectamente al cuerpo, y muy ligeros, unos 2,4 kilos para una talla media, cuando hay otros que pesan cuatro».