El ocio nocturno de Ferrolterra, tras un año de cierre: «Si no me dejas abrir, págame los gastos»

ANA F. CUBA FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

Un pub
Un pub CESAR TOIMIL

El sector reacciona con escepticismo al anuncio de la Xunta de una posible reapertura cara al verano. «Es todo humo», temen

21 abr 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

De los algo más de 13 meses transcurridos desde que se decretara el primer estado de alarma, el 14 de marzo de 2020, los locales de ocio nocturno solo han estado abiertos durante mes y medio, desde el 1 de julio hasta mediados de agosto. Y no todos. «La sala Ink [en Narón] no llegué a abrirla, va para 14 meses sin ingresar ni un euro», señala Juan Trastoy, empresario con siete negocios repartidos entre los concellos de Narón, As Pontes y Vilalba, cuyos gastos fijos, sin actividad, rondan los dos mil euros al mes. «Eso que tengo la suerte de que los dueños no me están cobrando el alquiler», agradece.

Trastoy subsiste gracias al trabajo en el Mesón de Pepe, en As Pontes, el único que ha mantenido operativo siempre: «Ya lo teníamos de alta en el epígrafe de reparto a domicilio y estuvimos preparando comida para camioneros, enfermos de covid...». En el Medulio, también en la villa minera, la pandemia lo sorprendió con una reforma integral. «Tiene discoteca y cervecería. La cervecería ya podría abrirla, pero con estas restricciones, ni me lo planteo. Tengo gente en ERTE [expediente de regulación temporal de empleo], otros me pidieron la liquidación porque no podían aguantar tanto tiempo, para poder solicitar ayudas o trabajo en otro lado», explica. El anuncio de la Xunta de una posible reapertura del ocio nocturno no le convence. «Sin mi horario, de once de la noche a siete de la madrugada, no abro. La noche es la noche, abrir hasta las dos o las tres no sirve. Con toque de queda y sin barra, ¿cómo abres el ocio nocturno? Es inviable», esgrime. En el caso de Ink, clausurada desde el 7 de marzo, tiene claro que no volverá a funcionar hasta el mes de octubre.

«No éramos los culpables»

Ángel Martínez Quintiá, al frente de la discoteca Coliseo, en Pontedeume, tampoco ve claro que pueda retomar la actividad antes de octubre. «Ojalá sea antes, pero... Somos marionetas de las administraciones. Somos el único sector que no ha recibido ayudas específicas, aparecemos en las de la hostelería general. Hemos estado 13 meses callados y ha quedado demostrado que nuestros protocolos eran los más fiables y que no éramos los culpables de los contagios, desde que nos cerraron a mediados de agosto. Basta con ver lo que pasó después de la Navidad, con todo el ocio nocturno cerrado», argumenta.

Martínez Quintiá exige precisión a la Xunta: «Con lo que dijeron en la reunión no nos aclararon nada, hablan de una prueba piloto en mayo, pero no sabemos en qué condiciones ni con qué medidas». El dueño del local no le ha cobrado el arrendamiento de estos meses. «Pero la basura, por ejemplo, me la están cargando igual [...]. Tengo mi trabajo por semana, al margen de la discoteca, pero es triste tener que sacar dinero de mi trabajo para mantener el negocio. Hay compañeros que vivían exclusivamente de esto y han tenido que cerrar, de forma definitiva».

Para Azucena Rico, que gestiona el pub Malvada, en Ferrol, con su pareja, Ángel Rodríguez, lo avanzado por el Gobierno gallego «es todo humo». «Reconocen que somos el sector más castigado, pero a la mesa no llevaron las condiciones [cara a una eventual reapertura]. No sabemos ni cuándo ni de qué manera, todo son titulares que no quedan en nada. Están dando palos de ciego con nosotros. Si no me dejas abrir, págame los gastos. Y si no nos dejan abrir en nuestro horario, es como si no nos dejaran abrir», sostiene, en línea con otros empresarios del sector.

Rico recuerda a «los compañeros que se han quedado en el camino». «Nos tienen machacados y demonizados. Si somos buenos para pagar, también para trabajar», razona. Ella y su pareja han tenido que tirar de ahorros y de sus sueldos (el pub funcionaba solo los fines de semana) para sufragar los gastos de Malvada, «cerrado», remarca. Reclama «ayudas directas específicas para el ocio nocturno», tras casi un año de inactividad (descontando el mes y medio del verano), para paliar el golpe, que ha obligado a muchos miembros de este colectivo a endeudarse para resistir.

«Ese dinero que has pedido al banco tienes que devolverlo, por eso cuando vuelvas a abrir vas a empezar en menos x euros, los que sean, dependiendo de si has tenido que pagar el alquiler o no. Es muy difícil aguantar tanto tiempo, aunque los gastos estén al mínimo», apunta Kiko Caamaño, uno de los socios de la sala West Saloon, en Ferrol. Admite las dificultades del resto de la hostelería, «pero al menos cuando ha podido abrir ha generado ingresos, aunque sean pocos».

«Un alivio» para cubrir gastos

Caamaño está dispuesto a levantar la verja del local, «aunque sea al 50 % del aforo y con menos horas, porque supondría un alivio, para pagar los gastos de asesoría, luz [con un coste mínimo de 300 euros por la potencia contratada que necesita], alquiler...». «Ferrol no es una ciudad en la que hagas tanta pasta, no creo que nadie tuviera guardado para aguantar más de tres meses. ¿Quién aguanta 13 meses?», se pregunta.