Desmemoriados

José A. Ponte Far VIÉNDOLAS PASAR

FERROL CIUDAD

28 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Anunció la ministra Celáa una reforma dentro de la nueva Ley de Educación que se aprobó hace unos meses. Parece que necesita retoques y en ello se han puesto a trabajar técnicos y pedagogos. Y uno, que ha vivido y sufrido siete de las ocho leyes que hubo a lo largo de la democracia, no puede menos que echarse a temblar ante lo que se les pueda ocurrir a estos expertos de oficina. Porque en un terreno tan delicado como es la Educación no tiene ningún sentido esa fiebre que tienen nuestros políticos de hacer cambios constantemente y que, en parte, explican el alto grado de fracasos entre nuestros escolares y la sensación muy acusada en la sociedad de evidente desorden en la enseñanza. Es cierto que todos los países desarrollados han realizado también reformas educativas pensando en mejorar el rendimiento de sus alumnos. Y los que han alcanzado mayor éxito en su sistema escolar son aquellos que basaron sus reformas en la búsqueda de mejoras en el terreno académico y curricular, alejándose de la tentación de tomar medidas de carácter político o ideológico. Justamente lo contrario de lo que se hizo y sigue haciendo en España. Y así nos va.

La reforma que propone ahora la ministra se centra en cambiar los contenidos que se estudian en la Enseñanza obligatoria porque le parecen excesivos, y en eliminar, por lo tanto, el exceso de memorización. Es decir, menos materia que estudiar para que no haya mucho que memorizar. Como dicho así puede sonar muy fuerte, especialmente a los que ya tenemos una edad, envuelve el caramelo con palabras tan llamativas como huecas, (salidas de los gabinetes pedagógicos, no de profesores a pie de obra), como «interdisciplinar», «nuevas competencias», «saberes culturales relevantes», «creatividad», etc.. Lo que más me alarma es que una de las principales víctimas de esta reforma va a ser la memoria, que, equivocadamente, nunca ha gozado de mucho prestigio entre los pedagogos. Creo que deteriorar el papel de la memoria en el proceso de aprendizaje es un error de consecuencias muy graves. Restarle valor al proceso memorístico, necesario y fundamental para asentar los conocimientos que vamos adquiriendo, es desconocer una de las reglas básicas de la Enseñanza. Mi experiencia me ha hecho ver que no es posible llevar a cabo ningún tipo de enseñanza si en el aprendizaje no se van fijando contenidos reales bien memorizados. Se trata de ir construyendo sobre bases sólidas, sobre enseñanzas bien organizadas en nuestra memoria. Y esto no quiere decir que sea incompatible trabajar lo memorístico con el desarrollo de propuestas metodológicas que se puedan ir planteando en cada materia y que la destreza del profesor ha de ir combinando. Nunca he entendido el desprestigio de la memoria en la Enseñanza, cuando es fundamental para retener los conocimientos que vamos adquiriendo con el estudio. Lo que ocurre es que memorizar datos, fechas, conceptos, etc., exige esfuerzo y concentración, por lo que tiene muy poco que ver con la idea de que la Enseñanza-aprendizaje tiene que ser algo lúdico y divertido. Parece que nadie ha caído en la cuenta de que si la Enseñanza fuese una juerga no tendría por qué ser «obligatoria». La memoria es una aliada básica para el aprendizaje y el conocimiento. También lo es para la vida. Además, necesitamos ejercitar la memoria para potenciarla y mejorarla. Y no hay mejor lugar ni momento más idóneo que ejercitarla en la escuela. Es que si no, nos vamos a quedar sin memoria, ni histórica ni de la otra.