Alba Erezuma: «Ferrol Vello es un diamante en bruto»

Nació y creció en Fene, pero desde hace más de una década su hogar está en la Praza Vella, donde comanda una tasca genuina y popular que ha dado mucha vida al barrio


Ferrol

Cuando lea estas líneas, Alba Erezuma (Fene, 1979) ya estará metida otra vez en faena, entrando y saliendo como un cohete de su pequeño bar del muelle para atender a la clientela en la terraza, tras un mes en dique seco a cuenta de la pandemia. En el barrio portuario comanda A Tasca da Vella, una taberna chiquitita en tamaño, pero grande en personalidad, alegría y buen ambiente.

Allí quedamos el jueves pasado, a pocas horas del inicio de la desescalada, en medio de los preparativos para la reapertura. «La verdad es que ya tenía ganas de volver, y no solo porque económicamente hace falta, sino también por ver de nuevo a los clientes y a la gente del barrio» cuenta sonriente mientras recoge cajas de bebidas y atiende a un distribuidor.

Aunque lleva poco más de diez años en Ferrol Vello, Alba ya se siente del «muelle», un lugar en que se ha ganado el cariño de muchos vecinos, porque, además de ejercer de tabernera, también se ha convertido en una especie de dinamizadora sociocultural. Y es que, desde su pequeña tasca de 43 metros cuadrados, esta fenesa de Perlío ha hecho mucho por darle vidilla a la Praza Vella: desde conciertos nocturnos hasta sesiones vermú, pasando por exposiciones de pintura, degustaciones o karaokes.

Parece como si el trabajo de hostelera estuviese hecho para ella, pero de adolescente Alba nunca imaginó que terminaría trabajando tras la barra de un bar. En el Rodolfo Ucha de Ferrol estudió un ciclo para ser delineante, pero como lo de estar todo el rato sentada dibujando planos le pareció muy aburrido, al terminar decidió hacer un FP de topografía. Y aquello sí que le fascinó. «Tuve mucha suerte, porque nada más terminar el ciclo me contrataron para trabajar en el tramo Fene-Ferrol de la autopista, y a partir de ahí ya me salieron obras por toda Galicia», cuenta Alba, que como topógrafa fue testigo de la construcción de la autovía de As Pontes o la variante de Pajares.

Lo de andar saltando de obra en obra con el teodolito en la mano le apasionaba, pero en el año 2013, con la crisis económica acechando, las condiciones laborales comenzaron a empeorar. «El sueldo ya no compensaba tanto viaje, y fue entonces cuando se me ocurrió la idea de montar esta tasca, porque desde mi ventana yo veía cada noche este local en la esquinita de la plaza, alumbrado por la luz tenue de la farola, y me parecía el sitio ideal para abrir un bar», rememora.

Lo suyo fue dicho y hecho. Invirtió el dinero del paro en reformar el bajo y el 17 de julio del 2014 daba por inaugurada A Tasca da Vella. «Siempre tuve claro que quería que fuese una tasca clásica y sobria, con una clientela ecléctica y un ambiente muy familiar», cuenta Alba. Pasados ya siete años, cree que lo ha conseguido. «Estoy satisfecha, porque esta es una tasca abierta a todo el mundo, en la que lo mismo te puedes encontrar a familias con niños que a pandillas de jóvenes o a un señor de sesenta años tomándose un vino», dice orgullosa de un local en el que ha hecho muchos y muy buenos amigos.

Cariño recíproco

Ella también se siente querida por la clientela, y eso, dice, es el mejor regalo. «Cuando cumplí 40 años me hicieron una fiesta sorpresa y casi me echo a llorar», cuenta con una sonrisa en la boca. De su barrio, como de sus clientes, también habla maravillas. «Ferrol Vello es un diamante en bruto, pero necesita más ayudas, y las necesita ya, porque cuanto más se tarde más avanzará la ruina y más trabajo y dinero costará rehabilitar el barrio», reivindica.

Si le tocase al lotería, Alba se dedicaría a organizar escuelas taller para arreglar todas las casas en ruinas, «y en el edificio de Aduanas crearía un centro de mayores y una guardería», pero como la suerte todavía no la ha convertido en multimillonaria, se contenta con «hacer barrio» desde su humilde taberna.

«Cuando pase la pandemia habrá que volver a organizar actividades. Tengo pendiente una Olimpiada de Juegos Populares y una torneo 3x3 de básquet», anuncia ilusionada. Cuando no tiene que trabajar, Alba disfruta de la compañía de su hijo Teo, de cuatro años. También le gusta mimar a la gente que quiere -«porque soy muy familiar y valoro mucho la amistad»-, y aunque le encanta el cine y el deporte, asegura que tiene otra afición favorita para llenar sus ratos libres. «Como buena vaga que soy, disfruto mucho del placer de no hacer nada».

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