Ferrol: un arsenal de patrimonio, cultura y mar

Rocío Pita Parada
rocío pita parada FERROL / LA VOZ

FERROL CIUDAD

JOSE PARDO

La ciudad despliega sus recursos monumentales y naturales para el disfrute vecinal y el logro del reconocimiento de la Unesco como puerto de la Ilustración

14 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay quien dice que es la ciudad del mar. Que es tierra de cultura y tradición. Un prodigio de la Ilustración. O el secreto mejor guardado del modernismo. Ferrol es todo eso y más. Cuna de barcos y navegantes. Y de los ilustres Concepción Arenal, Carvalho Calero y Torrente Ballester. Pero es, sobre todo, una ciudad que apoyándose en su pasado, mira al futuro ansiosa de desplegar todo su arsenal de recursos para atraer, y sorprender, al visitante. Y al mundo entero, si logra finalmente su aspiración de ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Argumentos que defender ante la Unesco no le faltan.

Ferrol es la ciudad naval por algo. Nacida por y para el mar, y para la Marina, tiene en el Arsenal Militar su máximo exponente: una construcción del siglo XVIII con destacables elementos como la Sala de Armas, la Puerta del Dique o el dique de la Campana, el más grande del mundo en su época en el siglo XIX. Conserva su actividad militar y desde hace años se organizan visitas guiadas por su interior.

El castillo de San Felipe es el otro gran orgullo de la ciudad. La fortificación, originaria del siglo XVI, pero remodelada dos siglos más tarde, formaba parte de la defensa de la angosta ría ferrolana: una cadena se tendía por las noches hasta el vecino castillo de La Palma, en la otra orilla, para evitar la entrada de barcos enemigos. Actualmente se proyecta la rehabilitación de la torre de la batería baja del siglo XIX para albergar allí una exposición permanente sobre su historia. Y es, con el Arsenal y las baterías de la costa, una de las piezas centrales de la candidatura del Ferrol de la Ilustración a patrimonio mundial.

Mullidas alfombras, lámparas de araña doradas, gruesos cortinajes y butacas grana de tapizado capitoné llenan las ostentosas estancias del Palacio de Capitanía, utilizado aún para el alojamiento de altos mandos militares. En él existen obras de arte inventariadas por el Museo del Prado.

El patrimonio de Ferrol esconde otros tesoros: su actividad industrial -Navantia se ha convertido en otro atractivo gracias a las visitas guiadas por su interior-, el dique de mareas de A Cabana -recientemente rehabilitado- o su espectacular costa, con grandes olas que baten las rocas y kilométricas playas, destino de descanso y también de los amantes del surf.

Por el Canido de las Meninas

La Voz

En Canido, el barrio de moda, está la apuesta por el arte urbano: más de cuatrocientas Meninas versionadas en muros y fachadas. La ruta no tiene principio ni fin: hay que dejarse llevar. Grandes obras en las medianeras de edificios conviven con pequeñas reinterpretaciones de la obra de Velázquez al lado de puertas. Todas las calles están impregnadas de esta iniciativa nacida en 2008 para reivindicar la regeneración urbanística del barrio.

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De paseo entre pavos reales y los árboles del Mundobasket

La Voz

El centro de Ferrol respira en sus dos grandes pulmones urbanos. El Reina Sofía, antiguo huerto de frailes reconvertido en parque municipal, ofrece una amplia superficie para el paseo entre árboles y pavos reales, el principal reclamo para los más pequeños. También se pueden contemplar elementos como la fuente Wallace, adquirida en París en 1889, o los bustos de piedra de personajes ilustres que la rodean.

Cualquier momento es bueno también para redescubrir el Cantón, hacerse una foto con la estatua de Canalejas o ante cualquier otro de sus monumentos: a la música, a la libertad de prensa o el monolito de Pablo Iglesias, entre otros. También para repasar los árboles que dejaron como recuerdo las selecciones que participaron en aquel inolvidable Mundobasket en 1986: el abedul de la entonces URSS, el olivo de Israel, la catalpa de Cuba, la cica de Australia, -que también ofreció incluso un canguro-, la acacia de Uruguay y una yuca de Angola. O el cedro del Himalaya, que se eleva sobre el Aula de Ecoloxía Urbana y que se cree que llegó a Ferrol a bordo de la corbeta Nautilus a su regreso de una vuelta al mundo en 1894. La zona del puerto es garantía de disfrute al aire libre, contemplando el trasiego de las embarcaciones y un paseo mirando a la ría hasta A Malata.

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El regalo modernista de Ucha en cada fachada

La Voz

Para disfrutar de Ferrol hay que mirar hacia arriba. Hacia los edificios que en la rutina diaria son una parte más del decorado, pero que dejan boquiabierto a quien se detiene un momento a contemplarlos. El modernismo en la ciudad naval equivale a Ucha, el primer apellido de Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal a principios del siglo XX al que Ferrol le debe buena parte de sus edificios más singulares. Como la icónica fachada del teatro Jofre, su obra estrella. Pero salpicados por A Magdalena hay cerca de una veintena de inmuebles más que llevan su firma.

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Saborear la tableta de chocolate

La Voz

Un paseo por A Magdalena sirve para empaparse del racionalismo de la Ilustración. Son seis calles paralelas, cruzadas por nueve perpendiculares más cortas, en un trazado con tiralíneas del siglo XVIII que convierten el callejear por Ferrol en caminar recto y doblar una esquina. No en vano, al barrio que es el corazón de Ferrol recibe el sobrenombre de la tableta de chocolate, una descripción urbanística poco técnica, pero muy gráfica. El recorrido puede partir de la plaza de España y llegar hasta Ferrol Vello en línea recta, haciendo parada en Armas y Amboage, sus principales plazas. O desviarse, pero siempre en ángulo recto.

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