Benito Alvariño: «Las nuevas tecnologías jamás le ganarán la partida al misterio de una obra maestra»

Dice que «la emoción que despierta el verdadero arte va más allá de las palabras»


Ferrol

Benito Alvariño (Ferrol, 52 años) es el propietario de Arboreda, una galería de arte con casi medio siglo de historia a sus espaldas, y con una personalidad muy marcada -con un enfoque en el que tienen una especial importancia la fidelidad a sus artistas de referencia y la relación con los coleccionistas privados-, a la que la pandemia ha obligado a cerrar sus puertas. «Seguimos atendiendo a nuestros clientes, que sobre todo son amigos. No hemos perdido el contacto con ellos. Pero ahora ese contacto es, sobre todo, a través de Internet y por teléfono, porque los tiempos son los que son -dice Alvariño-. Y si alguien quiere ver nuestros fondos, organizamos su visita con antelación para que pueda venir a la galería. Pero en estas circunstancias, con cierres perimetrales y con las limitaciones horarias que están en vigor -explica Benito-, Arboreda ya no ha podido seguir haciendo lo que hacía desde hace 45 años: abrir sus puertas a las siete de la tarde, cada día, para mostrar las obras de nuestros artistas a quienes quieren conocerla».

-¿Había llegado a imaginar usted una situación como esta?

-No, yo no. Durante la primera ola de la pandemia, la galería cerró, como casi todo, y muchos pensábamos entonces que, después de aquello, la situación se iría normalizando. Pero, por desgracia, no ha sido así. De todas formas, Arboreda sigue aquí. Somos la galería más antigua de las que están en funcionamiento en Galicia, y antes o después se recuperará la normalidad. Yo estoy en la galería todos los días del año, y eso no va a cambiar.

-¿Cómo afecta la distancia física, la lejanía, a la relación con los coleccionistas?

-Como digo siempre, nuestros clientes son, ante todo, amigos. Son coleccionistas privados con los que tenemos relación desde hace muchos años. Así que esa relación continúa, no se ha interrumpido. Arboreda, incluso en esta situación que estamos viviendo, sigue funcionando. Pero no es lo mismo, por supuesto. A la hora de admirar una obra de arte, la presencialidad es algo muy importante, fundamental. Y la emoción que despierta desde la cercanía la obra de un gran artista, el verdadero arte, no es fácil de describir, porque habita más allá de las palabras. Las nuevas tecnologías jamás le ganarán la partida al misterio de una obra maestra.

-Sin embargo, han universalizado el conocimiento del arte...

-Sí, eso es verdad. Las nuevas tecnologías son fundamentales desde un punto de vista informativo, y en situaciones como las que estamos viviendo resultan imprescindibles para la comunicación. Pero no es lo mismo ver Las Meninas de Velázquez a través de una pantalla que contemplar el cuadro en el Prado.

-¿Qué obra de arte lo ha emocionado más a usted?

-Quizás una escultura de Henry Moore. Cando la tuve ante mí en Inglaterra...

-¿Qué ocurrió?

-Que entonces entendí, por fin, cómo se adueña Moore del espacio con la grandeza de su obra.

«Vivimos un tiempo en el que parece ir a imponerse la superficialidad»

«Reconozco que las nuevas tecnologías pueden ser extraordinariamente útiles, y nunca dejaré de insistir en ello -dice Benito Alvariño-. Internet nos ha permitido establecer un diálogo con todos los rincones del mundo. Y cuando apenas podemos movernos del lugar en el que residimos, y además es necesario mantener siempre una cierta distancia con respecto a los demás para evitar que el covid se propague, la Red nos permite mantener abierto el diálogo con las demás personas. Pero vivimos un tiempo en el que por desgracia parece ir a imponerse la superficialidad -lamenta el galerista-, y eso es algo que a mí me parece que tiene mucho que ver con la tendencia a estar pegado a una pantalla todo el día».

-¿Y de qué manera se refleja eso en el mundo del arte?

-De una manera terrible: haciendo que cada vez sean menos las personas que están dispuestas a dedicarse a sí mismas el tiempo necesario para contemplar en toda su verdadera profundidad un buen cuadro, para leer con la concentración necesaria un buen libro o para escuchar un buen concierto de cámara con la atención que merece.

-Vivimos demasiado deprisa...

-Sí. Vivimos demasiado deprisa, y además nos estamos olvidando de que el arte, y en general la creación, es el alimento del espíritu. En un tiempo de pandemia como este, deberíamos haber aprovechado para reflexionar, para reencontrarnos con nosotros mismos.

-¿Y no lo hemos hecho?

-No.

-Usted reivindica el derecho a emocionarse.

-Por supuesto. A emocionarse, por ejemplo, leyendo a María Zambrano. O contemplando una buena acuarela. La emoción que nos transmite el arte nos permite ir más allá de la realidad.

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