El Modernismo académico de Ucha


Era el año 1909 y Ferrol despertaba. Sus veinticinco mil vecinos, nachiño arriba o abajo, dejaban atrás otra de las características crisis navales de esta ciudad ciclotímica. Comenzaba su andadura la nueva Constructora Naval al mando de técnicos ingleses; era la tercera colonia inglesa que se asentaba en la ciudad. Había trabajo, mucho trabajo, ahora que el rey de Inglaterra era accionista de La Constructora y se preocupaba por los intereses de sus dineros en el extranjero, le gustaba decir a Fernández Flórez, flamante director de El Diario Ferrolano. Regresaban de las américas algunos industriales y comerciantes con fortuna, al tiempo que se instalaban otros atraídos por la pujanza de la vida ferrolana. La ciudad crecía, necesitaba sacudirse -como el resto de España- los últimos vestigios del pesimismo finisecular. Y lo consiguió.

El jovencísimo Rodolfo Ucha volvía a Ferrol una vez conseguida la plaza de arquitecto municipal. Sus estudios y los primeros trabajos los hizo en Madrid, ayuntamiento en el que intentó ocupar plaza sin éxito. El Art Nouveau llevaba veinte años recorriendo Europa: Jugendstil en Alemania, Modern en Rusia, Sezession en Austria y Hungría, Arte Nova en Portugal, Art Nouveau en Francia y Bélgica, Liberty en Italia. Este movimiento artístico había surgido como una reacción frente al renacimiento histórico del siglo XIX. Frente al rigor y la disciplina imperante había surgido un movimiento rebelde, creativo, enraizado en las bellas artes y las artes aplicadas al mismo tiempo. El Modernismo debía entenderse como una forma de vida que lo abarcase todo: arquitectura, literatura, artes gráficas, pintura, artes decorativas, moda, diseño urbano… y todo fuese adornado con motivos florales, naturales, repletos de líneas curvas, caras femeninas, animales exóticos y geometrías imposibles.

Rodolfo Ucha firmó entre los años 1910 a 1930 una magnífica colección de piezas modernistas. Todo el Modernismo en Ferrol es obra de Ucha aunque la obra de Ucha se alargó mucho más allá del Modernismo. Se aplicó con intensidad, queriendo estar siempre al tanto de todo, con profesionalidad, seriedad y gran dedicación, nos dice su hija Lucila en el vídeo homenaje a su figura. Y además lo hizo con criterio, con la inteligencia propia de un creador que aprovecha con maestría los recursos disponibles. Ucha transformó en arte los diseños de las galerías y los oficios de ebanista y herrero. Las rejas, balconadas, puertas, ventanas, escaleras y galerías se expresaron con maestría en sus obras mejor valoradas, singularmente en la casa Pereira de la calle Dolores. Sus más de 20 edificios firmados en esos 20 años son el mejor legado de aquellos expansivos e ilusionantes años 20.

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