«Abrir solo las terrazas es inviable»

Los hosteleros de Ferrolterra afectados por las restricciones más duras critican que se les señale


Ferrol / la voz

Con resignación y cansancio recibió ayer la hostelería de la comarca el anuncio de las nuevas restricciones. En Ferrol ya saben lo que es tener que limitar la actividad solo a sus terrazas, y también han encarado en los últimos meses el cierre durante semanas, al igual que en Fene y Narón. «Esto es inviable», advierte Patxi Ferreiro, responsable de los restaurantes naroneses El Colonial, Mama Flora -«cerrado desde el 14 de marzo», indica- y Clandestino Urban Food -«solo con servicio a domicilio», explica-. Señala que el «frío» supone otro hándicap, pero trata de adaptarse habilitando una terraza de invierno en El Colonial. «Cuando esté acabada veremos como está la cosa y valoraremos abrir», explica Ferreiro. Contaba con 25 trabajadores, siguen 7 y, mañana, «entran todos en un nuevo ERTE».

En el Rich Café, en Ferrol, su responsable, Juan Carlos Mora, lamenta que solo se permita consumir en terraza exterior ya que ellos cuentan con una zona interna con el frontal y un lateral abierto. «La gente está cansada de tanto cambio, ahora, a las seis de la tarde, normalmente tendríamos esto bastante lleno», advierte. Se ve obligado también a solicitar el ERTE. Pero no pierde la esperanza de recuperar la normalidad. «Volveremos con más fuerza», desea. Coinciden en que se culpa al sector injustamente.

El teléfono no paró de sonar en la Asociación de Empresarios de Hostelería de Ferrol y Comarca. La gerente, Luisa Barro, señala que en los municipios que registran la restricción por primera vez están «muy estresados» y los que ya han vivido esta situación reciben la noticia «muy enfadados». «La gente cierra, abre, cierra... Ya decían que hubiese sido mejor cerrar desde noviembre».

«Era mejor que nos hubiesen cerrado»

«Esto nos mata. ¿Tengo que mantener a cuatro empleados vendiendo cafés en la terraza hasta las seis de la tarde? Era mejor que nos hubiesen cerrado directamente. Nos están machacando», lamentaba ayer la encargada de la cafetería Stollen, en Pontedeume, Iria Lamas. Cabanas, Ortigueira y Pontedeume entran por primera vez dentro de las restricciones excepcionales por el covid que afectan a la hostelería, un duro golpe para el sector. Lamas afirma tajantemente que si mañana abre sus puertas, sale «perdiendo». También está lleno de incertidumbres el futuro de la cafetería Neferet, en Cabanas, municipio que también encara por primera vez medidas tan restrictivas en su hostelería. «No nos lo esperábamos aquí, para nada», reconoce Cristina López, responsable del establecimiento. Tras escuchar el anuncio del presidente de la Xunta, trató de ponerse en contacto con su gestoría ya que su cafetería cuenta con cuatro trabajadores. «Llevo media mañana llamando a la gestoría pero no nos dan atendido, están colapsados», reconoce. Y es que, señala, necesita asesoramiento para saber si acudirá al ERTE para algún trabajador o cerrará directamente el local. «Además es que no nos ha dado ni tiempo para ver qué podemos hacer», añade.

Los municipios separados por un puente, desde mañana, no pueden cruzar la frontera ya que en estas localidades también entra en vigor el cierre perimetral. «Nos afecta muchísimo que solo pueda venir gente del pueblo. Aquí tenemos mucho trasiego, sobre todo, de gente de Cabanas», explica Iria de la Stollen. Una misma queja que repiten en Ortigueira. «Aquí somos muy pocos habitantes. Tenemos que cerrar, hace un frío que pela, lo de consumir solo en terrazas es una tontería», explica Antonio Iglesias, de Galaripos. Cuenta con una veintena de mesas, que debería restringir a la mitad de aforo, pero reitera que «no es la solución». A diferencia que en el Eume, en Ortigueira sí auguraban restricciones más importantes por la evolución epidemiológica del municipio.

Cierre generalizado

El presidente de la Asociación de Comerciantes y Hosteleros de Pontedeume, UCOA, Fernando Barallobre, lamenta la medida. «Íbamos tirando, pero siempre se castiga a la hostelería, cuando aquí no son los contagios. Es una injusticia», incide. Ayer tuvo muchas llamadas de otros hosteleros y señala que el sentir general en la villa es que con las terrazas no se puede vivir y acabarán cerrando. «Es un mazazo», reitera. Y advierte también de las consecuencias de solo poder contar con los vecinos como clientela.

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