Un sector naval en la encrucijada

Ferrol agota su carga de trabajo mientras Fene logra su mayor obra eólica


Ferrol

En un año en el que la pandemia del coronavirus ha determinado absolutamente todos los ámbitos de la vida, la industria de Ferrolterra ha experimentado otros sinsabores, debido a la encrucijada en la que se encuentran algunos de sus sectores tractores. Los dos astilleros de la ría registraron un 2020 con situaciones bien diferenciadas: mientras que la factoría ferrolana está agotando su carga de trabajo, en la de Fene no solo se avanza en el pedido que ya tenía en curso, sino que este ejercicio ha marcado un nuevo hito, al conseguir el mayor contrato de eólica marina obtenido hasta el momento: el firmado con Iberdrola para la fabricación de 62 jackets para el parque que instalará la eléctrica en aguas de la Bretaña francesa.

La antigua Bazán también salvó un acontecimiento importante para el programa que ejecuta, el de construcción de dos buques de aprovisionamiento en combate para la Armada de Australia, al entregar, en torno al verano, el primero de los dos navíos. Pero ese acontecimiento dejó un poco más vacío de contenido a la factoría, que está ultimando su gemelo, que prevé entregar en torno a la primavera del próximo año. Entonces, la planta únicamente tendrá como tareas las de ingeniería de las futuras fragatas F-110 para la Armada española, contratadas a Navantia en el 2019.

El número de trabajadores empleados en estas labores está creciendo, pero por ahora parece que nada impedirá que los talleres se queden completamente parados hasta que, a principios del 2022, comience la producción de esos barcos.

Debido al agotamiento de los trabajos en el programa australiano, el sector naval público de la ría cierra un 2020 con 1.900 empleados auxiliares menos que hace tan solo unos meses, y la sangría no va a detenerse.

Sin embargo, el arranque de la producción en la obra para el parque marino de Saint Brieuc, cuyas primeras tareas ya pusieron en marcha Navantia y Windar Renovables en la factoría de Perlío, contribuirá a absorber parte de ese empleo auxiliar que se destruye en Ferrol, unos operarios imprescindibles para materializar el mayor pedido de jackets recibido hasta el momento.

Además, la antigua Astano enfila la fase final de la construcción de estructuras para el parque escocés de Cobra.

La reivindicación de unas infraestructuras pendientes

En el marco de la estrategia para convertir al naval público ferrolano en un Astillero 4.0 -marcado por la digitalización, la robotización y automatización de los procesos-, Navantia dio un impulso a la construcción del taller de subbloques, al solicitar la licencia en el Concello ferrolano. La materialización de esas dependencias es una de las piezas clave en la transformación de la factoría para poder fabricar las secciones de los buques más grades, en menos tiempo y con menos errores, lo que hará que la planta gane en competitividad.

Sin embargo, la actuación principal del proyecto, indispensable para que el proceso en el taller tenga sentido, el dique cubierto, sigue sin ser autorizado por la compañía pública. Trabajadores directos y auxiliares del sector naval, agentes sociales y también políticos de todo signo han reclamado incesantemente al Gobierno y a Navantia que dé luz verde a la construcción del dique seco con el que la planta ferrolana podría competir en igualdad de condiciones con los principales astilleros del mundo. Por ahora no ha sido posible.

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