M.ARROYO
FERROL

A Nuria, Iria y María, el café de esta mañana les supo a gloria. Tras un mes sin sus habituales encuentros en el bar Platea de Amboage -donde solían reunirse siempre, justo después de dejar a los niños en el colegio-, este viernes por fin pudieron recuperar el ritual. «Ya teníamos ganas de volver, y además, hay que apoyar a la hostelería», comentaba Nuria. «Aquí nos sentimos muy seguras: el personal está desinfectando continuamente las mesas y nosotras solo nos sacamos la mascarilla para tomar el café», apostillaba a continuación Iria.

Tras un mes cerrados a cal o canto -o funcionando solo con el servicio para llevar o de entrega a domicilio-, la hostelería ferrolana subió ayer de nuevo la persiana, aunque solo hasta las cinco de la tarde y con el aforo reducido al 30% en el interior y al 50% en el exterior a causa de las restricciones por la pandemia. ¿Cómo se siente el sector ante esta esperada reapertura? Aunque todos coinciden al señalar su malestar por unas limitaciones que consideran «duras» e «injustas» y su desánimo por la llegada del mal tiempo justo cuando por fin pueden volver a trabajar, las sensaciones que transmiten los responsables de los negocios difieren mucho según a quien pregunte.

A Pablo Rebollo, del gastrobar Núa, recuperar el servicio en mesa, tras un mes ofreciendo solo comida y cafés para llevar, le ha levantado el ánimo. «Estoy contento porque la gente está respondiendo muy bien. Para hoy y para mañana ya tengo todas las mesas reservadas para la hora de la comida. Y hasta hay quien ha llamado para reservar mesa para tomarse un vino. Es cierto que es una pena que llueva, pero yo ya tengo la terraza montada por si escampa», comenta con agradecimiento hacia su clientela. Eso sí, como el resto de los profesionales del sector, Rebollo no le ve sentido a la obligación de cerrar a las cinco. «Si se mantiene el aforo al 30% en el interior, no sé por qué no podemos abrir hasta las once», comenta.

«Pan» para calmar la sed

En este mismo punto incide también Alberto Niebla, de la cafetería Oslo, quien, a diferencia de Rebollo, lo ve todo negro. «En la terraza hay que reducir al 50%, en el interior al 30% y aún encima solo podemos abrir hasta las cinco, pero yo tengo que seguir pagando igual la cuota de autónomos, las facturas del agua, la luz, la seguridad social de los empleados... Abro porque, si no, no facturo nada, pero abrir así no es la solución. Es como quien tiene sed y le dan pan», lamenta este hostelero, responsable también de un pub que lleva nueve meses cerrado a causa del coronavirus.

Otros no se muestran ni tan contentos ni tan desanimados. «Me da mucha rabia que durante el mes que estuve cerrado hizo muy buen tiempo, y ahora que por fin puedo abrir venga esta lluvia y este frío. Pero, bueno, lo importante es reabrir y volver a la actividad, aunque sea a medio gas», dice Alejandro Rañal, de la chocolatería Bonilla, sin ocultar su incertidumbre por lo que pueda ocurrir las próximas semanas. «En Cataluña ya están volviendo a subir los contagios y Feijoo ha dicho que si eso pasa aquí habrá que volver a cerrar, así que ahora toca ser más responsables que nunca, tanto los hosteleros como los clientes, porque si no lo pagaremos todos», comenta a renglón seguido el responsable de Bonilla.

Más control policial

José Manuel Almeida, del bar Platea, opina igual, aunque reclama más control policial para hacer cumplir las normas. «Nosotros más escrupulosos en cuanto a limpieza y desinfección no podemos ser, y siempre les pedimos a los clientes que se pongan la mascarilla, pero hay veces que no te puedes enfrentar a ellos. Esa no es la misión del hostelero, es trabajo de la policía», advierte.

Y no lejos de allí, Silvia Vilela, responsable de El Marqués, reivindica «menos improvisación» y que las autoridades «dejen de jugar con la hostelería, porque hay muchas familias que viven de esto». «El lunes dijeron que en Ferrol seguramente no podríamos reabrir, pero ayer (por el jueves) van a dicen que sí. Yo aproveché para hacer unos trabajos de pintura, pero me pilló el toro y no me ha dado tiempo a finalizarlos, así que hasta el lunes no podré abrir», explica en alusión a esa «falta de previsión» esta hostelera, que mientras tanto mantiene el servicio para llevar.

Con todo, y a pesar de las limitaciones, la clientela agradece la reapertura. «Ya me tardaba, sobre todo porque pienso que la hostelería no es la responsable de la situación. Esto es la suma de muchas responsabilidades individuales», dice Alfonso Prieto, cliente del café Bonilla.

La situación en Fene, Neda, Ares y Mugardos

Bares que amanecieron con un nivel de alerta y cerraron con otro

«Si al menos pudiésemos abrir hasta las once... cerrar a las cinco no sé si compensará». Eran las cábalas que hacía Loli detrás de la barra del bar Jupe, en Neda, por la mañana. Volvía a levantar la verja después de haberla bajado el día 23 debido al positivo por covid-19 de uno de los trabajadores. Pero los cálculos de la hostelera quedaron en papel mojado al mediodía, cuando Sanidade anunció el alivio de las medidas tanto en su municipio como en el de Fene. Ambos pasan a medianoche al nivel básico de alerta, el mismo que ya imperaba en los concellos vecinos de Ares y Mugardos, y que permite la ampliación tanto de horarios como de aforos.

Más clientes en el interior

En el Fussion Café de Fene, los cálculos se echaban sobre el número de clientes: «Si dejasen al 50 % dentro sería mejor, es cuestión de distancias», explicó Enrique, uno de los titulares del negocio familiar. Ni 24 horas transcurrieron para que la Xunta coincidiese con sus estimaciones. En su caso, el establecimiento estuvo cerrado desde el 31 de octubre. A las 7.30 de la mañana comenzó a preparar cafés: «A los clientes ya les tardaba venir», aseguró, porque durante el mes pasado no servía ni para llevar «por la prestación». «Por la zona estaba todo cerrado y hay algunos que decidieron no abrir hoy porque no compensa por los trabajadores que están en ERTE y porque no tienen terraza», indicó. Lo cierto es que hoy todavía permanecían sin actividad parte de los bares de los dos municipios. Ahora podrán ampliar su aforo interior al 50 % y el exterior al 75%, además de prolongar el horario hasta las 23 horas y permitir grupos de hasta seis personas.

La Xunta alivia las restricciones en Fene y Neda

Antía Urgorri
Un bar de Neda, esta mañana tras la reapertura
Un bar de Neda, esta mañana tras la reapertura

Quedan Narón y As Pontes en nivel alto y Ferrol, en medio-alto; y el comité vigilará la evolución de Pontedeume y Monfero

El subcomité clínico de expertos que hace seguimiento a la evolución del covid acaba de acordar aliviar las restricciones en Fene y Neda desde esta medianoche, pasando al nivel básico. Tras analizar la positiva evolución en estos concellos acordó, en la reunión de esta mañana, cambia el nivel de restricciones en ambos municipios, donde la hostelería podrá abrir hasta las 23 horas y se levanta el cierre perimetral. 

De esta forma, en la comarca quedan Narón y As Pontes en nivel alto (solo terrazas y cierre perimetral individual) y Ferrol en nivel medio-alto (hostelería hasta las 17 horas con limitaciones de aforo y cierre ahora individual, tras salir Fene y Neda).

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Ferrol

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

«Lo importante es reabrir y volver a la actividad, aunque sea a medio gas»