¿Quién se ensañó con el empleado de la gasolinera de Laraxe muerto a tiros?

El delito prescribió hace un año y la familia descarta el móvil del robo


ferrol / la voz

Una bala le atravesó el brazo con el que intentaba protegerse y le quedó alojada en el cerebro, y otras tres le impactaron en el tórax y el abdomen. Miguel Ángel Sánchez Bouza, de 26 años, logró sobrevivir a tan brutal ataque, pero a los dos días falleció en el hospital Juan Canalejo de A Coruña, al que había sido trasladado desde Ferrol debido a la gravedad de las lesiones que presentaba.

El autor o autores de tan brutal homicidio no han sido identificados y el delito prescribió en febrero del año pasado, por lo que este caso ha pasado a engrosar la lista de crímenes sin resolver en la comarca de Ferrol.

El trágico suceso ocurrió el día 23 de febrero de 1999 en la gasolinera de Laraxe, en el municipio de Cabanas, en la que trabajaba Miguel Ángel Sánchez Bouza, vecino de Limodre (Fene). Uno de sus compañeros había abandonado las instalaciones a las 22.15 horas tras cumplir su jornada laboral y Miguel Ángel se había quedado hasta la hora del cierre, las once de la noche, recogiendo y preparando todo para el día siguiente. Se sabe que en torno a las 22.30 llamó por teléfono a su domicilio, pero lo interrumpió un cliente que necesitaba sus servicios.

Cerca de las once de la noche llegó otro conductor, paró a repostar y, al ver que nadie salía a atenderlo, entró en la tienda de la estación de servicio y se encontró al joven empleado tendido en el suelo, cosido a balazos y en medio de un gran charco de sangre, por lo que dio la voz de alarma. Miguel Ángel fue trasladado al hospital y se debatió entre la vida y la muerte casi dos días, pero no pudo superar la gravedad de las lesiones.

La autopsia reveló que había sufrido cuatro impactos de bala y los investigadores de la Guardia Civil comprobaron que procedían de un arma corta de nueve milímetros Parabellum.

La hipótesis que se barajó desde el principio fue la de un robo -se llevaron algo más de 100.000 pesetas-, pero la familia de la víctima la descarta, porque no cree que para llevarse el dinero se hubiesen ensañado con él de la forma que lo hicieron. Llegó a haber hasta tres detenidos, pero no se logró acreditar la autoría del crimen a ninguno de ellos.

Sorpresa por el archivo

El archivo provisional de las diligencias decretado solo tres meses después del homicidio por el juez instructor sorprendió a los familiares e incluso a los medios policiales.

Su hermano, Pedro Sánchez Bouza, asegura que «nunca se hicieron las cosas bien» con la muerte de Miguel Ángel. «La gasolinera volvió a abrir a la mañana siguiente a las nueve, una limpiadora encontró cuatro días después un casquillo de bala en una estantería y el juez archivó el caso a los tres meses», apunta, añadiendo que la familia sospechó siempre que el crimen estaba relacionado con el noviazgo de su hermano con una chica de un club de alterne de Barallobre. «Ella desapareció al día siguiente, se marchó para Canarias y en el sumario aparece su número de teléfono, pero no hay ningún nombre».

Gestiones en Madrid

Tras el archivo de las diligencias, Pedro Sánchez llegó a desplazarse a Madrid y fue recibido por un mando de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, que le dio garantías de que el asunto nunca había quedado cerrado para ellos, aunque no trascendiese el resultado de las pesquisas. El Ministerio del Interior le confirmó a la familia en 2010 que la investigación se iba a reabrir, pero los allegados de la víctima sostienen que nunca ocurrió.

También acudieron al Defensor del Pueblo, con una carta en la que decían estar cansados de que les dieran largas «y palmaditas en la espalda», incidiendo en que «si esperan que nos olvidemos, desde luego están muy equivocados».

«Lo remataron y recogieron los casquillos», señala su hermano

Pedro Sánchez Bouza insiste en que la muerte de su hermano no fue un simple atraco. «Lo remataron y recogieron los casquillos, menos uno que encontró la limpiadora cuatro días después, y lo hicieron con un arma de nueve milímetros», apunta, añadiendo que, desde su punto de vista, se trata de algo que estaba preparado y no de unos ladrones a los que la víctima hizo frente. A su modo de ver, el hecho de que «Miguel Ángel mantuviese una relación desde hacía un año con una chica colombiana del club de alterne Night Caprice, con la que salía fuera del establecimiento, la llevaba a la playa... estaría causando perjuicios a alguien, porque en estos locales las hacen trabajar constantemente hasta que pagan la deuda que les atribuyen por traerlas a España».

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