Repensar la ciudad


Este virus puñetero y mortífero que nos quita la vida, los sueños y la felicidad nos pone, además, deberes. Nada será igual cuando hayamos superado los arreones del covid 19. No saldremos reforzados, mejores y más fuertes de esta pandemia, como no lo hicimos de ninguna. Saldremos más sabios, con más y mejor conocimiento científico, mejor tino para calibrar nuestras fuerzas y el papel que jugamos en este período de la historia. Tardaremos años en recuperar el nivel de progreso económico y bienestar social. Y, probablemente, lo hagamos con una nueva escala de valores, algunos ya escritos con mayúscula en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Mientras, la pandemia nos obliga a restricciones sociales, aislamientos y reducción de la movilidad. Pareciera que al estar confinados se incrementa la capacidad para el pensamiento y la reflexión. El pasado 31 de octubre se celebró el Día de las ciudades y, aprovechando la efeméride, los expertos de Naciones Unidas nos han puesto tarea: hay que repensar las ciudades. ¡Tenemos que repensar Ferrol! ¡Cómo! ¿Cómo?

Repensar Ferrol para los ferrolanos es misión poco menos que imposible. No podemos repensar una ciudad que previamente no habíamos pensado. A los ferrolanos ancestros nadie les había pedido opinión. Estaban pescando sardinas y pagando tributos al señorío de Lemos cuando la Corona expropió la villa y puso a sus ingenieros a pensarla y desarrollarla. Carlos III en 1770 concede a Ferrol el rango de plaza de armas, para dotarla de recinto amurallado. Es nombrada capital del Departamento Marítimo del Norte. El Estado decide que aquí se construirían buques de guerra, se asiente el mayor Arsenal conocido y se diseñe un Nuevo Poblado en La Magdalena. Fueron decisiones ajenas a los ferrolanos las que atrajeron una población de aluvión: marinos de otras regiones, mercaderes de la Maragatería, colonias de técnicos ingleses, funcionarios, banqueros, industriales… ¿Y los ferrolanos de viejo, qué pensaban?

Ferrol es una especie de ciudad matrioska, ya saben, esas figuras rusas que se guardan unas dentro de otras. Isabel II en 1858 le otorgó la condición de ciudad impresionada con su visita a la hasta entonces villa. Era una ciudad naval, claro. También una ciudad industrial. Y una ciudad amurallada, con seis puertas, que después creció con sus ensanches. Y una ciudad a la que anexionaron el ayuntamiento rural de Serantes. Una ciudad con signos culturales y sociales de orígenes diversos: rondallas, escuelas de pintores, edificios modernistas dibujados por un arquitecto nacido en Vigo y formado en Madrid (¡siempre Madrid!) y, en fin, una ciudad a la que le cuesta acomodar su pasado y asimilar las estrecheces de su presente decadente.

Venga, pues. Pongámonos a repensar Ferrol.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Ferrol

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Repensar la ciudad