Larga vida a las plazas de abastos


Las personas necesitamos señales, marcas, indicadores, referentes, signos que nos ayuden a mapear nuestra conducta y nuestra forma de vida. En las ciudades encontramos coordenadas fácilmente. Las hay para todos los gustos y casi todas las ocasiones. Parques, museos, puertos, la plaza mayor (la del ayuntamiento), estación del tren, alguna iglesia destacada y, en algunos casos, sus mercados municipales. Imposible no utilizar como indicador el mercado de abastos de Compostela, el mercado de la Esperanza de Santander o El Fontán de Oviedo, por citar alguno de los últimos visitados recientemente. Son lugares amables, carismáticos, llenos de vida, grandes fábricas hacedoras de ciudadanía y, por supuesto, los mejores referentes de un comercio de proximidad, cercano y sostenible.

Las plazas de abastos ferrolanas sobreviven y a duras penas. El Concello presentó hace pocas semanas una especie de programa de ayudas llamado Ferrol, Cidade viva 2020. El título se parece más a un deseo, tal vez una aspiración, más que a una constatación empírica, si nos atenemos a los indicadores macroeconómicos y sociales de las últimas décadas. El programa recoge una frase magnífica, de esas que convendría enmarcar en placa de bronce (como las de Torrente Ballester) y colocarla en un lugar principal si no fuera porque se sabe a ciencia cierta que desaparecería en pocas horas. Dice así: “…el apoyo a la revitalización de los mercados municipales como referente del comercio de proximidad y kilómetro cero”.

Revitalización del mercado de Caranza, el de los proyectos eternos, las obras eternas, ahora finalizadas, pero que permanece cerrado por culpa de los trámites burocráticos eternos. Revitalización del mercado de Recimil, claro indicador de la decadencia del barrio, sus instalaciones y su entorno. Revitalización del mercado de la Magdalena y su hábitat comercial: el propio mercado, la pescadería de Ucha, las atroces dependencias del mercado provisional (el provisional más permanente del mundo), la alameda del Carbón y la plaza Vella. El conjunto podría transformarse en el mejor de los escenarios para la compra diaria, mercadillos semanales y ferias mensuales, calendarizadas y celebradas con la calidad en los servicios y atención al cliente que exigen los tiempos actuales pero sin perder la esencia de un espacio emblemático que sirve de unión a los barrios de Ferrol Vello y A Magdalena, referencias innegables de la ciudad naval. Las plazas y mercados de abastos europeas, muchas españolas y algunas gallegas buscan su futuro bajo el paraguas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ferrol tiene deberes pendientes y asignaturas suspensas con sus mercados municipales.

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