El mapa de Fontán, el caballero Esquío y la nieve de agosto


Ferrol

En Xuvia -y más concretamente en la Xuvia del sur, que es la que está en la orilla izquierda del río, en la que pertenece a Neda- tomamos café ayer el poeta Vicente Araguas y Servidor de Ustedes. Concretamente en el local que lleva el nombre de Barriga Verde, un establecimiento que, como es fácil imaginar, guarda muy vivo el recuerdo de la legendaria compañía de títeres (y no solo de títeres) cuyo nombre, especialmente por la parte de los sueños, está escrito con letras de oro en la memoria de Galicia. Sonia, bisnieta de Santiago Silvent -de uno de los miembros de la familia que ponía en escena aquel legendario espectáculo itinerante que inspiró, entre otros escritores, a Manuel María-, nos muestra, a Vicente y a mí, varias fotos de la compañía. Y nos explica que, además de teatro de títeres, las representaciones de Barriga Verde también incluían a menudo actuaciones musicales, así como, de vez en cuando, algún número de funambulismo. Además, nos dice que durante los largos inviernos, cuando no había fiestas a las que acudir con sus espectáculos, la familia Silvent organizaba proyecciones de cine. Siento un inmenso afecto por las representaciones de títeres y de marionetas. Un arte que en Galicia ha llegado a alcanzar una brillantez excepcional gracias a compañías como la de los Monicreques de Kukas, y que en la literatura universal tiene un lugar de honor gracias a la aparición en el Quijote del Retablo de Maese Pedro. Se conoce que Cervantes también debió de ser un buen amigo de los muñecos que cobran vida y que cuentan historias y que, llegado el caso, no tienen inconveniente alguno en dialogar abiertamente con el público, al que suelen pedir consejo cuando se encuentran en circunstancias difíciles. Neda es un lugar muy dado a la buena literatura. Cosa bien natural, por otra parte, en un enclave tan vinculado a la memoria de los Esquío, el linaje del que nació el magnífico poeta -Fernando, ya saben- que en medio de la noche, cuando el corazón le dolía, se preguntaba aquello tan hermoso de Que me queres, amor? En la iglesia de San Nicolás de Neda, templo que ahora tiene como párroco a Ramón Antonio López Rodríguez -y a cuyo frente estuvo durante largos años José Bello Lagüela, hoy canónigo de la catedral de Mondoñedo-, se conserva un precioso sepulcro de un caballero de piedra de la familia Esquío. Que no es Fernando, claro que no, sino Diego, pero que muy bien podría haber sido el hacedor de versos, o al menos a mí me gusta mucho pensar que tal vez pudiera serlo. El caballero de piedra duerme sobre su propia tumba mientras un ángel vela su sueño y le lee las Escrituras. Y al otro lado de su cabeza se asoma, cuidando de no dejarse ver en exceso, un discreto personaje que llega desde lo que aún no sabemos. «Y venía de un ritual misterioso / porque viajar entonces / era como la nieve en agosto...», dicen unos versos de Vicente Araguas, pertenecientes a su libro Guarda che Luna!, que podrían venir muy a cuento. Es hermoso pensar en agosto en la nieve, ¿no creen? En la biblioteca de Neda, una biblioteca magnífica, con un fondo excelente, recibe al visitante, señoreando la pared, un ejemplar del legendario Mapa de Fontán -ya saben que no son muchos los que se conservan- que fue donado por el propio Araguas. Vicente me hace notar que allí aparece Sillobre, muy bien indicado. Y a mí me da por pensar que tal vez Fontán, Don Domingo, subió al Coto do Rei, en Marraxón, para hacer algunas de sus mediciones, y que quizás aquel día nevaba un poco, y que los caballos del monte galopaban bajo la nieve.

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El mapa de Fontán, el caballero Esquío y la nieve de agosto