Derby, un nombre para tres cafés únicos

El Derby de Santiago acaba de cerrar. El de Vigo fue una referencia durante casi medio siglo con música en directo y «aquellos bocadillos a 30 céntimos y el café exprés a dos reales», escribió Gerardo González Martín. El de Ferrol, reformado hace un lustro, quiere ser referente con cafés, copas y actuaciones


Café solo, con unas gotas de leche fría, en una taza de cristal que no esté caliente... Ante una cámara de televisión varios clientes van contando las casi infinitas formas que hay de pedir un café. Los autores del reportaje se acercan a un paisano sentado en una mesa, solo, con un café a su lado y concentrado en la lectura del periódico. Pone cara de sorpresa ante la pregunta sobre cómo le gusta el café y responde sin dudar: «A min dáme igual: o café é para o periódico». Esa taza es para acompañar la lectura de la prensa y su contenido es secundario. Quizá suceda algo similar con esas cafeterías singulares en las que tomarse un café supone mucho más.

Así ocurría en el Derby de Santiago, abierto en 1929 y que acaba de cerrar. O en el Derby de Vigo, que cerró tras el agitado 1968, después de casi cincuenta años abierto; poco antes del inicio de este siglo era recordado con la exposición El Derby. Algo más que un café. [Al acabar la guerra civil pasó a llamarse Imperial durante un tiempo porque no se aceptaban nombres extranjeros, aunque acabaría recuperando la denominación original]. Y en el Derby de Ferrol, abierto en 1933, donde se siguen despachando cafés para tertulianos acodados en sus mesas de mármol blanco y rodeados de escenas de carreras de caballos; ese es el origen de un nombre único para estos tres singulares cafés gallegos.

Derby es un término que la RAE castellanizó en 1992 como «encuentro generalmente futbolístico entre dos equipos de la misma ciudad o de ciudades próximas». Sin embargo, la historia cuenta cómo en 1780, en la localidad inglesa de Epsom, sir Charles Bunbury y el Conde de Derby decidieron poner en marcha una nueva competición para los caballos más rápidos del Reino Unido. La forma de decidir el nombre fue lanzando una moneda al aire. Salió Derby, aunque aquella primera carrera la ganó Diomed, el caballo de Bunbury. La competición, el Derby de Epsom, es un referente hípico, sigue celebrándose cada año a principios de junio y el término quedó asociado a las carreras de caballos en todo el mundo.

Ese fue el nombre, Derby Bar, con el que el 21 de noviembre de 1921 se inauguró en la Plaza de Urzáiz de Vigo, conocida luego como Plaza de la República, un local que se anunciaba como «casa de lunch, café y cervecería». Así lo relata Gerardo González Martín en el catálogo de la mencionada exposición donde tiene un especial protagonismo Albino Mallo García, natural del municipio leonés de Murias de Paredes que emigró a Argentina, donde llegó a tener su propio local de hostelería antes de regresar para instalarse en Vigo.

Cuenta González Martín cómo Mallo, «en alguna evocación que hizo de sus primeros tiempos, recordaba aquellos bocadillos a 30 céntimos [de peseta] y el café exprés a dos reales». El dueño del establecimiento comentaba que «el público no estaba acostumbrado al café con espuma, y algunos preguntaban si lo que servíamos era chocolate». El hostelero también introdujo los cócteles en Vigo, «nuestro hombre se trajo de la República Argentina las recetas de tres centenares», destaca Martín.

Música en directo

La música en directo era otro de los atractivos con «el piano en el que tocaba el maestro Yepes, acompañando al violinista Corvino y al chelo Gandía, los tres de ilustre carrera profesional», escribía Francisco de Pablos. Si bien «las tertulias memorables han hecho que el Derby se vinculara a la historia de nuestra literatura», destaca González Martín. Fernández del Riego era uno de los asistentes a dichas tertulias y evocaba cómo «entre os máis asiduos» estaban Valentín Paz Andrade, Carlos Maside o el pintor Laxeiro. También Alonso Montero relató que acudían, «cando viñan a nosa cidade, escritores como Valle-Inclán e García Lorca».Ese ambiente cultural fue el que caracterizó también al Derby de Santiago desde que en 1929, Avelino San Luis convirtió una vieja taberna en una cafetería similar a las que había entonces en Barcelona o Madrid. Para ello trajo mármol de Carrara (Italia) para el mostrador, zócalo de madera de caoba de Cuba y vidrieras de estilo veneciano, tal y como le contaba a Marga Mosteiro la dueña, Victoria Domínguez. Su padre, Manuel Domínguez Nieto, fue uno de los dos camareros que en 1934 le compraron el local a San Luis, un empresario que no estaba vinculado con la hostelería.

«As arquitecturas interiores están protexidas desde 1998 polo Plan Especial da cidade histórica», destaca Xerardo Estévez. Y apunta: «A urbanística para o Derby o que realmente buscaba era gardar o seu espírito. (...) Esa vai ser a clave do novo Derby. Non só consiste nun proxecto empresarial ou nunha reprodución melancólica do que había. É máis. Intuír, deseñar, promocionar unha nova forma de estar para este século».

El de Ferrol, innovando

El que se ha renovado para este siglo es el Derby de Ferrol que hace un lustro era sometido a una reforma que respetó detalles como la barra en forma de herradura. Es una de las características de un establecimiento que abrió en 1933. «Al principio también era restaurante, y yo he conocido a gente mayor que recordaba haber celebrado aquí su Primera Comunión. Después el local sufrió la reforma de 1961 y ya quedó como café, únicamente», explicaba Pepe Ramos, el dueño anterior y ahora cliente habitual.

José Naveiras es desde hace cinco años el propietario del Derby ferrolano cuya gestión lleva Fátima Rodríguez. Ella explica que con el covid-19 «de momento van resistiendo». «Ha sido duro pero nuestra idea es hacer las cosas bien y seguir resistiendo», apunta.

En esa línea está «tener un buen café y unas buenas copas» y para ello destaca que «tenemos unos camareros que están muy implicados». Señala también la asistencia a «cursos para seguir innovando, para hacer lo que le gusta a la gente y marcar la diferencia: no se trata de hacer lo mismo que hacen todos». Reconoce Fátima Rodríguez que esto supone «esfuerzo y trabajo» y apunta que entre las iniciativas con las que tratan de marcar esa diferencia está la música en directo, «son conciertos que hacemos fuera, en la terraza, porque dentro no hay espacio para ello». También han acogido algunas presentaciones de libros y de vez en cuando dan salida a la gastronomía de la tierra: «Cada cierto tiempo, cuando puede, viene un pulpeiro». Anteayer mismo estuvo, aportando un atractivo más a un local que se mantiene vivo porque, como destacaba Pepe Ramos, «hay cafés que guardan las almas, como el sabor dejado por el tiempo». Lugares singulares unidos por un nombre.

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