Los periódicos en los cafés


La Organización Mundial de la Salud (OMS), ese gran consultorio de cabecera, afirmó recientemente que leer el periódico en el café es una actividad segura. ¡Menos mal! En ninguna parte del mundo se han reportado casos de contagios a través de la prensa escrita, aún siendo compartida por diferentes usuarios. Al parecer, el papel es inocuo, las tintas utilizadas generalmente son muy agresivas con los patógenos y el propio proceso de impresión hacen que el periódico sea considerado un elemento inerte, amigo de las personas y enemigo de los virus. Los periódicos pueden regresar a los cafés (y peluquerías, ateneos, salas de espera de los dentistas y demás escenarios habituales) lo que hará que la nueva normalidad se parezca un poco más a la normalidad de toda la vida, la de siempre, la normalidad sin postizos.

Ferrol es una ciudad de periódicos y cafés. La verdad es que en esto sí que se parece a una ciudad normal a pesar de ser una ciudad nueva. Es ciudad con título desde la época isabelina -mediados del siglo diecinueve-, justo el momento en que también apareció la prensa escrita en el barrio de la Magdalena. En los talleres de las imprentas Taxonera y Pita comenzaron a imprimirse un buen número de periódicos y revistas, además de otros papeles volanderos. La ciudad naval llegó a contar con catorce cabeceras, nada menos, constando como la primera la del periódico El Águila, en 1845.

De las más destacadas fueron El Eco Ferrolano, periódico de ciencias y literatura; El Pensamiento de Galicia, revista quincenal de información variada; El Brigantino, diario de intereses morales y materiales y La Aurora, periódico de literatura, moralidad y recreo.

Los chicos repartidores de prensa voceaban las noticias por los mercados y plazas, el puerto, la entrada de los astilleros y en las puertas de las tabernas.

En poco tiempo los periódicos se hicieron hueco en los primeros cafés ferrolanos, el Café del Ángel y el Café de la Iberia. En este último, contiguo al Teatro Principal en la calle Magdalena, tendrían presencia permanente en el gabinete de lectura de la segunda planta, al lado de la sala de naipes y la mesa de billar.

La prensa escrita encontró igualmente su lugar en las sociedades de recreo. Había periódicos en el Circo de Recreación, el Circo de Jóvenes, el Liceo de Artesanos y el Casino Ferrolano. Los grupos sociales más cercanos a la burguesía podían acceder a la lectura de periódicos, mientras los grupos más populares recibían las noticias cantadas por los chicos de la prensa. Todo normal. Con sus gripes, pestes y demás epidemias. Los periódicos estaban allí. Un par de siglos más tarde zarandeados por el covid-19 vuelven a la acogedora normalidad de los cafés.

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