Quirófano doctor Algara


No me gustan los obituarios porque están redactados con prosa de corpore insepulto, sesgada por el dolor de una pérdida siempre inesperada; ahí suelen aflorar sentimientos, pero no argumentos, y hay personas que merecen ser recordadas por lo que hicieron en sus vidas, más que por el duelo que dejan. Por eso prefiero los homenajes póstumos con tiempo suficiente para poner distancia del desgarro y comprobar si la niebla del tiempo difumina o no la personalidad del fallecido. Ahí afloran las memorias vivas. Es por eso por lo que conviene valorar especialmente el tributo que acaba de rendir al doctor Ángel Algara Lamaignere el Hospital General Juan Cardona, dieciocho meses después de su repentina muerte. El Cabildo, recogiendo el sentir del personal del centro, ha dado el nombre del fallecido traumatólogo al renovado quirófano en que tantos años trabajó. La ocasión reunió a colegas y colaboradores de Ángel Algara, como los doctores Antonio Porteiro Tuñas, Ignacio Valenciano Bilbao y Ramón Mosquera; también a Ángeles Castro y Fernando Vázquez, entre otros. Por las limitaciones de asistencia que impone el covid-19, fue un acto sencillo, que en otras circunstancias habría sido un acontecimiento, porque el personaje era querido por sus compañeros de profesión y respetado por los millares de personas atendidas en más de tres décadas de ejercicio de la medicina.

Nacido en 1954 en una familia numerosa de Barcelona en la que el padre actuaba también como líder y referente moral de sus hijos, Ángel Algara eligió Ferrol para desarrollar toda su carrera frente a otros destinos más propicios para el éxito profesional y la notoriedad pública. Pero en esta ciudad encontró el magisterio del profesor Couceiro Follente y un entorno social en el que nunca se sintió incómodo. Por su compromiso con Ferrol, resultaba difícil adivinar que había nacido fuera. Creía en Ferrol, se desanimaba con Ferrol. También optó, después de años en la sanidad pública, por volcarse exclusivamente en el modelo asistencial del Hospital General Juan Cardona. Se identificaba con la medicina de principios humanistas que se practica en el hospital de Caranza, centro en el que introdujo técnicas innovadoras y le dio modernidad y alta profesionalidad al Servicio de Traumatología. También imprimió a este departamento muchos valores personales. En el ejercicio diario de su profesión, trató a los pacientes con el afecto de un amigo, con el respeto que se reserva al cliente más distinguido y con la firmeza de un padre cuando reconviene a su hijo. Asimismo compartió con muchos de ellos su tiempo libre, porque en sus días festivos nunca dejó de acudir al hospital para verificar la evolución de un operado o reconfortar a quien más lo necesitaba. Con su conocimiento o con su palabra, que ambos utilizaba en su oficio de curar. Fue, por lo tanto, un modelo que el Hospital General Juan Cardona quiere que permanezca. A pesar de su prematura muerte, Ángel Algara tuvo tiempo de completar su pasión por la medicina haciendo de su hija Julia una profesional brillante y también apasionada de su trabajo, que ahora asume el reto de continuar tan singular trayectoria.

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