La demanda de viviendas con jardín o finca desborda a las inmobiliarias

Los clientes buscan alquileres fuera de las ciudades y la oferta actual es casi nula

Marta Saavedra, gerente de la Inmobiliaria Artemisa
Marta Saavedra, gerente de la Inmobiliaria Artemisa

ferrol / la voz

El personal de las inmobiliarias de la zona de Ferrol está desesperado. La demanda de casas con finca o jardín para alquilar durante el verano o incluso todo el año se ha multiplicado por cuatro, según apunta Marta Saavedra, gerente de Artemisa, y no hay oferta. El covid-19 revolucionó por completo el sector, porque la gente no quiere seguir viviendo en pisos, por temor a nuevos confinamientos. La temporada de verano ya siempre escaseaban las viviendas de alquiler, porque venían familias de fuera, pero es que ahora quienes urgen una vivienda aislada son los residentes en los núcleos urbanos de Ferrol y Narón, principalmente.

Las zonas de playa, como Ares, Chanteiro, Doniños, Covas y Valdoviño, son las más solicitadas, pero ahora, en vista de que no hay oferta, la gente se conformaría con cualquier sitio fuera de la ciudad.

«No hay casas para tanta gente», manifiesta Marta Saavedra, añadiendo que incluso están llamando a propietarios que tienen viviendas a la venta para que opte por el alquiler mientras no aparece un comprador. «Esto es una brutalidad», asegura, señalando que los precios de alquiler se mueven entre 1.800 y 2.400 euros al mes, y 3.000 si tienen piscina, pero ya no queda ninguna.

En zonas que no son de playa, los alquileres están entre 500 y 600 euros, pero la oferta también es totalmente insuficiente, según indica José Ángel Santiago, de la inmobiliaria ViveCasa. E incide en que «la gente que está pasando el confinamiento en pisos quiere otra cosa por si el coronavirus vuelve en octubre».

Álvaro Canosa, gerente de la inmobiliaria Inmonosa, coincide en que la demanda es muy superior a la oferta, porque él también recibe peticiones de gente con raíces en esta zona que reside en Madrid, Barcelona e incluso Valencia. A su modo de ver, las posibilidades que ofrece el teletrabajo son las causantes de que ahora ya no se busque un alquiler para un mes de vacaciones, sino que lo amplían a todo el verano o incluso hasta octubre.

Y es que, según Pablo López, gerente de Inmobiliaria A.M., «las cuatro paredes quemaron a la gente en el confinamiento, por eso quiere una casa con jardín para todo el año, aunque no sea al lado del mar». Añade que la oferta también se ha reducido en parte, porque se están viendo algunos casos de padres que hacen un pacto de mejora a sus hijos, que se marchan a vivir a la casa de la aldea.

Miguel Núñez, propietario de Inmo Esteiro, también tiene muchos clientes que quieren alquilar para todo el año «una casa con un jardín que no sea muy amplio, que no les dé mucho trabajo y les permita hacer una churrascada y que jueguen los niños». El hecho de que la oferta no llegue a las inmobiliarias se debe a que, sabiendo la demanda que hay, «muchos dueños ponen un cartel en la puerta y en una hora ya tienen cinco o seis llamadas». 

Interés por comprar

Por su parte, Carceli Cascallana, de la inmobiliaria O Ponto, también coincide en que «la gente está desesperada por alquilar y recorre las inmobiliarias buscando, pero no hay». Esta profesional incide, asimismo, en que también hay interés por comprar. Y pone el ejemplo de un cliente que hace seis meses no llegaba a un acuerdo sobre el precio y ahora se ha interesado de nuevo, y también el de unos propietarios que rebajan 5.000 euros por la crisis.

«¡Quiero una casa en la aldea ya!»

carmela lópez
Miriam Gallego, con su hijo, antes del confinamiento
Miriam Gallego, con su hijo, antes del confinamiento

Miriam Gallego Requejo, casada, con tres hijos y dos mascotas, asegura que no volverán a pasar otro confinamiento en un piso

La posibilidad de un rebrote del covid-19 que los expertos sitúan en otoño o finales del verano ha hecho reaccionar a la familia de Miriam Gallego Requejo, que adelantó los planes que tenía de comprar una casa y ha decidido que tiene que ser ahora. «No vuelvo a pasar por lo que pasé», señala, refiriéndose al confinamiento en un piso con su marido, dos hijas de 25 y 23 años, y un adolescente de 14, además de dos mascotas. «Quiero una casa ya y la quiero en la aldea, sin tráfico y con un pequeño jardín o terreno al aire libre. Necesito irme ya!», insiste. Y sin esperar más, en la primera semana de la fase 1 de la desescalada iniciaron la búsqueda de esa ansiada propiedad.

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