Las cuentas


Dentro de poco echaremos cuentas. Dilucidaremos si la factura del estado de alarma la pagaremos otra vez los sospechosos habituales. Pareciera que con un Gobierno de izquierdas no habría dudas. Pues las hay. Las tengo. Del mismo modo que sé que los socialistas son republicanos, pero sin prisa, desconozco si su adhesión a una fiscalidad progresiva sin maquillaje goza del mismo apremio: están de acuerdo, sí, sí, pero no encuentran un hueco en la agenda; no es el momento, pero ya. Porque hasta ahora, y lo que nos queda, la mayor parte del esfuerzo económico corre a cuenta del erario, esa bolsa que se nutre de los impuestos, esa bolsa a la que le niegan ingresos quienes, ahora keynesianos fervorosos, le piden gasto. Como la desvergüenza y la desfachatez se alimentan de la desmemoria, los que recortaron en sanidad y sometieron a los profesionales a contratos por horas, medias jornadas, desplazamientos y cambios de puesto sin fin, y privatizaron servicios a esgalla, son los mismos que con una mano piden una paga extra para los sanitarios y con otra alientan caceroladas. Por jeta que no sea. El debate sobre el impuesto a las grandes fortunas retratará a cada cual. Claro que, visto lo visto, eso no se traducirá en apoyo social: sabemos, en Ferrol mejor que en muchos otros lugares, que la bandera de España a veces no deja ver lo que hay detrás, y colectivos que viven del erario, esto es de los impuestos de todos, apoyan con ardor a los partidos que los suprimen. En fin, nada nuevo. Tanta banderola a media asta, tanta patria de hojalata y tanto himno con voz marcial nos dejan ciegos y sordos ¿De qué vive Ferrol, y a quién votan los ferrolanos? Pues eso.

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