Eva Anca: «La dieta milagro no existe»

Nutricionista y responsable de la parafarmacia y herbolario El Baobab, defiende que «con solo eliminar los procesados y llenar la cesta de la compra con productos frescos, ya estamos en el buen camino hacia una alimentación sana»


Hace diez años, cuando Carlos Ríos era adolescente y las redes sociales todavía no lo habían catapultado a la fama como impulsor del movimiento Realfooding, Eva Anca Candocia (Ferrol, 1974) ya pregonaba las virtudes de la «comida real» que abandera en Instagram el nuevo gurú del mundo de la alimentación. «Ahora se le llama real food, pero es algo en lo que llevamos insistiendo mucho tiempo. Con solo eliminar los procesados y llenar la cesta de la compra con productos frescos, ya estamos en el buen camino hacia una alimentación sana», comenta Eva, nutricionista y responsable de la parafarmacia y herbolario El Baobab de la calle Real de Ferrol. Charlamos en su consulta, que abre sus puertas allí mismo, en el único hueco que le queda libre en la agenda esta semana. No llega al extremo de lo que le pasaba a Ferran Adriá con El Bulli, pero casi. «Tenemos una lista de espera de seis meses y ahora estamos dando cita a gente que la pidió en agosto», dice para mi asombro esta licenciada en Farmacia y graduada en Nutrición. En su consulta ve a diario muchos casos de sobrepeso, pero a su puerta también llaman mujeres con problemas de fertilidad, embarazadas y pacientes con acné, migrañas, patologías digestivas, diabetes o hipertensión. «Mucha gente sigue pensando que los nutricionistas solo estamos para hacer dietas para perder peso, pero nuestra labor también resulta fundamental para prevenir muchas enfermedades y mejorar la respuesta a determinados tratamientos médicos», advierte Eva en tono reivindicativo.

Le pregunto si se hizo nutricionista por vocación, y entonces ella retrocede en su memoria hasta los tiempos del instituto. Si entonces hubiese hecho caso a lo que le aconsejaban sus padres y algunos profesores, probablemente Eva sería hoy odontóloga. O tal vez médica. Siempre fue una alumna de matrícula de honor y al entorno adulto de aquella adolescente brillante le parecía un «desperdicio» que malgastase sus neuronas estudiando Nutrición o Diseño de Moda, lo que ella soñaba. «Al final no fue ni una cosa ni la otra. Opté por Farmacia, y la verdad es que la carrera me gustó mucho, pero luego, trabajando en el Centro de Información de Medicamentos de A Coruña, tuve que coordinar muchas campañas de alimentación y entonces me volvió a entrar el gusanillo por la nutrición», recuerda. Por aquel entonces ella gozaba de un buen empleo, seguro y estable. No tenía la necesidad de meterse en el berenjenal de estudiar otra carrera, pero lo hizo. Al mismo tiempo que trabajaba, Eva se sacó el grado de Nutrición de forma semipresencial en Madrid. Y a los dos años de obtener el título, en el año 2006, nació Pedro, su primer hijo. Aquello supuso un punto de inflexión. «Decidí arriesgarme y dejé el trabajo. En A Coruña no tenía tiempo apenas para estar con el niño y me apetecía un cambio de vida, así que volvimos a Ferrol , y me tomé un descanso de dos años para poder criarlo yo misma», rememora.

«¿Lo mejor de mi trabajo? Que un paciente me diga que le he cambiado la vida»

Al final, aquellos dos años sabáticos se convirtieron en tres, porque en el 2007 nació su hija Lola y Eva decidió entonces estirar el paréntesis que había abierto en su vida laboral. «No me arrepiento en absoluto de aquello, porque poder estar con tus hijos cuando son bebés no tiene precio y, además, pude mantener la lactancia materna exclusiva, que para mí era muy importante», apunta al preguntarle por aquel parón.

Con Lola ya casi en el colegio, en el 2009 abrió la consulta, y en el 2010, El Baobab. Le pregunto si se le ocurrió ese nombre por El Principito y me saca de dudas: «No fue por eso, sino porque el baobab tiene muchísimas propiedades nutricionales y, además, está considerado como un árbol sagrado. Para mí, refleja la visión holística de la salud, que es algo que yo intento aplicar en mi práctica diaria».

Niños obesos

A su consulta llegan cada día más niños obesos, algo que le preocupa. «Los procesados están haciendo estragos», dice Eva, al tiempo que aconseja planificar bien la lista de la compra y los menús de toda la semana para no caer en la tentación de echar mano de platos precocinados. Para que un niño aprenda a comer bien, Eva recomienda «educación, educación y más educación», además de tener paciencia y no tirar la toalla. «Está comprobado que para que un niño termine aceptando un alimento que no le gusta hay que ofrecérselo quince o veinte veces antes, aunque no lo coma, sin reñirle ni enfadarse», dice.

También asegura que «la dieta milagro no existe» y que «la única solución pasa por cambiar los hábitos» y adaptar la alimentación a las circunstancias personales de cada caso. «Si alguien no tiene apetito por las mañanas, no le voy a obligar a desayunar como un rey», reflexiona.

El tiempo vuela y ya hay alguien esperando para entrar en la consulta. Eva me cuenta que, con tanto trabajo, apenas le queda tiempo para nada. Ha tenido que dejar el yoga, aunque sigue en forma gracias a los paseos que se da con su perro Bolo, mientras acaricia los oídos con Coldplay o Love of Lesbian. Y los fines de semana, saca jugo al tiempo libre haciendo planes familiares, reuniéndose con los amigos o quedándose tranquilamente en casa sin hacer nada en absoluto. Qué buen plan. Ahora sí que ya me tengo que ir. Solo una pregunta más. «¿Que qué es lo mejor de mi trabajo? Saber que he podido ayudar a alguien. Que un paciente me diga que le he cambiado la vida».

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