Antonia Santolaya: «Concepción Arenal enseña a ser libre»

Un libro ilustrado sobre la feminista gallega reúne por primera vez en un volumen dos tratados joya sobre la situación de la mujer


La mujer de rostro serio enfundada en un vestido luctuoso. Esta es la imagen que permanece de Concepción Arenal (Ferrol, 1820-Vigo, 1893). La de su única foto. Pocos saben que la visitadora de cárceles, de creencias católicas y que se vistió de hombre para estudiar Derecho era pelirroja, indómita e independiente, «con la capacidad de no depender de otros para ser feliz aún estando pendiente de los otros». Con su vestimenta austera «se salió del estándar de feminidad que se esperaba para una mujer de su posición», comenta Antonia Santolaya (La Rioja, 1966). «Es muy injusto que nos recuerden por una única foto, por una mueca», dice. La dibujante firma el libro ilustrado que lanza Nórdica Libros con motivo del bicentenario de Arenal. Una edición, con prólogo de la escritora Anna Caballé, que une por primera vez dos tratados feministas de Arenal: La mujer del porvenir, escrito en 1869, y La mujer de su casa, de 1883. Una ventana a una mente privilegia y valiente.

De su puño y letra

«Los que se dirigen a ti suelen tener la idea de atraerte a su creencia, a su opinión; mis pretensiones son más modestas: no intento persuadirte ni convencerte; toda mi ambición se limita a que al concluir estas páginas, dudes y digas, primero para ti y después para los otros: “¿Tendrá razón esta mujer en algo de lo que dice?”», escribió la feminista ferrolana.

­-¿Quién fue Concepción Arenal?

-Una mujer que tuvo la capacidad de ser libre y que nos enseña a serlo. Una pensadora de lo cercano, de lo que parece insignificante: los excluidos. Lo que la hace especial respecto a otras mujeres es su mirada. Se pone en el lugar de las mujeres cuya única salida era la mendicidad o la prostitución. Esa mirada la hace única. Ella mira al ser humano. Es una capacidad es muy valiosa.

-No tuvo que ser fácil mirar así.

-Si se entiende en qué época escribe, se entiende lo aventajada que era, la frustración de una mujer con esa clarividencia, tan firme en sus creencias, y lo vigente de sus palabras.

­-Dentro de las limitaciones, ¿fue una afortunada?

-Arenal habla de la mujer que tiene un mundo vetado, pero es consiente de la suerte que tuvo, no solo por su posición, sino por su padre, que le permitió tener acceso a una educación que no era la esperada para las mujeres de la época.

­-¿Una revelación para usted?

-Sí. Antes trabajé en un libro ilustrado con Nuria Valea sobre pioneras. Entonces, Nuria ya me insistió en la importancia de Concepción. Después, leí la biografía de Anna Caballé. Descubrí otra mujer, más allá de la imagen de la estudiante que se vestía de hombre, poder leerla directamente ha sido una revelación. No es lo mismo que alguien te esté hablando de otra persona que leerla de su puño y letra. Eso es un lujo.

-¿Tocaba ya esta reedición y la recuperación de «La mujer de su casa»?

-«¿Cómo es que esto no estaba actualizado ya?», piensas. Hacerla más accesible al lector actual te da una sensación de servicio. Muchos de sus escritos y cartas se han perdido por el camino. Esa falta de memoria nos empobrece a todos.

-¿Qué fue lo que más le gustó de la Concepción Arenal filósofa?

-No es categórica, lanza una idea para ver si abre preguntas en el lector. En la segunda parte, La mujer de su casa, escrita 14 años después, vuelve sobre sus propias reflexiones. Esa sensibilidad y revisión constante es muy interesante.

-Hoy tenemos muchas calles e instalaciones bautizadas con su nombre, pero pocas páginas en los libros de historia.

-Todo lleva un proceso y, para intentar compensar cosas, es más fácil poner una calle que cambiar un programa de educación. En España se rescató como feminista, pero no hubo una recuperación más allá, como pensadora. Sin embargo, ya cuando ella escribía, desde fuera la llamaban desde universidades inglesas, alemanas o estadounidenses. La consideraban un referente por su pensamiento. Mientras, aquí, se desdibujó.

-En sus ilustraciones, vemos a una mujer muy colorida.

-Cuando una vida se vive con mucha intensidad, tiene mucho color. En el libro, el color tiene un significado subjetivo. En ocasiones ella aparece azul grisácea, por la zona de sombra en la que se relega.

-¿Por qué hay que rescatar estas vidas?

-Hay un auge, porque necesitamos referentes. A veces, para conseguir las cosas es necesario imaginarlas y, si ya tienes un referente, es más fácil imaginarte a ti en otro lugar. No se trata de reescribir el pasado, sino de dar un marco más amplio de cuál ha sido nuestra historia.

«La mujer del porvenir»

Ilustrado por Antonia Santolaya, con prólogo de Anna Caballé

Nórdica, 224 págs., 22,50 euros

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