La «heroicidad» de abrir un negocio entre vallas y ruinas

Dos bares echaron el cierre desde que se cortó el paso en la calle Adán y Eva de Esteiro hace ya dos años, pero otro acaba de abrir

La Casita (en la imagen) abrió sus puertas recientemente en la calle Adán y Eva, cortada al tráfico desde hace ya casi dos años. El local permite el acceso con perros
La Casita (en la imagen) abrió sus puertas recientemente en la calle Adán y Eva, cortada al tráfico desde hace ya casi dos años. El local permite el acceso con perros

FERROL / LA VOZ

Algunos consideran que lo que acaba de hacer Óscar García Murillo es poco menos que una «heroicidad», pero él no se considera ningún valiente. «Simplemente soy alguien que cree en este barrio, en su enorme potencial, y por eso he querido apostar por Esteiro», apunta García, que a mediados del pasado mes de octubre abrió las puertas del bar La Casita en la calle Adán y Eva de Esteiro. Su historia no sería muy diferente a la de cualquier otro emprendedor si no fuera porque este hostelero ha decidido poner en marcha su negocio en una calle que lleva cortada al tráfico desde hace ya casi dos años, en concreto desde el 20 de enero del 2018, cuando el Concello prohibió el paso de peatones y vehículos por la vía ante el riesgo que entrañaba -y sigue entrañando- un edificio en ruinas situado en la esquina con Carlos III.

Desde entonces, la calle se ha convertido en una especie de «zona cero» con mucho menos tránsito del habitual, porque, aunque los vecinos han retirado parte de las vallas por las bravas para poder aparcar en uno de los lados de la vía, hay otras que siguen impidiendo el paso de los coches por la intersección con Carlos III, ahuyentando también a los peatones, por lo que Adán y Eva ha dejado de ser una zona de paso para convertirse en un «callejón sin salida», según denunciaron en su día algunos hosteleros del barrio.

La calle se encuentra vallada, pero los vecinos retiraron parte de la malla metálica para poder aparcar marcha atrás desde MacMahon
La calle se encuentra vallada, pero los vecinos retiraron parte de la malla metálica para poder aparcar marcha atrás desde MacMahon

Esta situación hizo mella en los bares de la calle -dos de ellos cerraron sus puertas en los últimos meses-, pero no ha desanimado para nada a Óscar García Murillo, que precisamente ha decidido abrir su negocio en el local que ocupaba uno de ellos (el antiguo Albanese). «Soy consciente de que tener un bar en una calle cortada al tráfico y al lado de un edificio en ruinas no me beneficia, pero estoy seguro de que si ofrezco algo bueno y diferente, la gente vendrá igual, porque el boca a boca hace mucho», comenta este hostelero procedente de un pequeño pueblo de Ponferrada que lleva viviendo en Ferrol desde hace ya tres años.

Tras trabajar como empleado en establecimientos como el mesón Alfonso de Ultramar, García decidió apostar por su propio negocio, pero desde el principio tuvo claro que su oferta debía ser diferente y original. Por eso en La Casita se pueden tomar desayunos especiales aptos para veganos y celíacos, gofres con sirope, vinos del Bierzo y de Galicia a precios «populares» y hasta tres pinchos diferentes cada día, sin contar el que se ofrece a las mascotas de los clientes. «Aquí todos perros son bienvenidos y a todos les ofrecemos un pincho a base de pienso», bromea el hostelero, que también cuenta con una pequeña biblioteca en su local y planea organizar conciertos, exposiciones y charlas. «Este barrio puede ser un nuevo Canido, pero para eso hay que hacer cosas y darle vida», añade García, quien aboga por aprovechar más el tirón del campus y la actividad de las salas del Dúplex Cinema.

El local ofrece desayunos aptos para celíacos y veganos

Eso sí, como ya hicieron en repetidas ocasiones vecinos y hosteleros durante estos últimos meses, el responsable de La Casita reivindica que se tomen medidas para que se actúe de una vez por todas sobre el edificio en ruinas que mantiene cortada la calle. El propietario del inmueble -sobre el que pesa un expediente de disciplina urbanística- ya fue apercibido por el Concello para acometer obras de urgencia con el fin de evitar accidentes, así como para llevar a cabo el «desmontaje» y rehabilitación del edificio, pero de momento todo sigue igual. 

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