Los líos de los tilos


Ferrol

Declaro mi ferviente admiración por los tilos, hasta el punto de que de guarisnai esta semana tomaré una tila salutífera a su salud. Les hablo de los tilos de la plaza de Armas, naturalmente. Esos tilos que estarán pero que no están, darán sombra pero todavía no se plantaron, perfumarán el barrio de La Magdalena aunque de momento siguen creciendo en su vivero holandés. Tilos de la especie tilia americana nova, tan apreciados por los enciclopedistas franceses, los botánicos ingleses y los naturalistas alemanes. Tilos descendientes de los hermosos ejemplares que desde el siglo XVIII habitan en plazas, parques, paseos, bulevares, jardines y alamedas de las ilustradas ciudades europeas. Tilos resistentes, tranquilos y tranquilizadores, urbanos, sensatos y relajantes. Lo dicho, soy un fan.

Pero es verdad que los tilos, que todavía no se plantaron, no son del agrado de todos. Por ejemplo, entre los alcaldes de la corporación municipal se generaron bandos (con perdón) a favor y en contra de los tilos. El ex-alcalde conservador Rey Varela presentó en su día un proyecto para la plaza de Armas que ensalzaba el binomio palmeras y coches. Pretendía una plaza con aparcamiento para los coches y palmeras ultramarinas que hicieran juego con las de Amboage. Es el modelo insostenible de ir en coche a comprar tabaco y aparcar delante del estanco. Sus opositores, los alcaldes de izquierdas: el exalcalde Suárez, el actual alcalde Mato y el líder nacionalista Rivas (¡cuánto alcalde, por favor!), se mostraron siempre partidarios del proyecto de Carlos Pita, el arquitecto que diseñó la nueva plaza. La apuesta aquí es tilos y peatones, enviando los coches -y supongo que el tabaco- a otros lugares menos céntricos.

Por su parte la opinión de los ferrolanos expresada en las páginas más relevantes de las redes sociales es la que cabía esperar: ácida, autodestructiva, irascible e irracionalmente negativa. Lo habitual. Que si no habría cosas más importantes que hacer; que por qué los traen de Holanda; que era mejor plantar castaños y nogales para aprovechar sus frutos; que quién decidió que fueran tilos sin que los vecinos votaran; que seguro que alguien se llevará algunas comisiones de clo-cló; que así empezaron en la plaza de España (¡!); que por qué no se plantan especies autóctonas; que nadie mira nada por Ferrol; etcétera. Pronto finalizarán las obras y traerán el convoy de tilos desde Holanda. Será un espectáculo. Algo parecido a cuando trajeron los cañones Vickers para artillar las baterías costeras. Los vecinos saldrán a aplaudir (es broma) el paso de los camiones con los 21 grandes tilos que vivirán en nuestra plaza mayor. Que sea por muchos años, más que los añorados Vickers.

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