Encrucijadas


Cada día me resulta más difícil escribir sobre política. Y me preocupa. Porque refleja el hartazgo que me produce la prepotente actitud de los que esperan, confortablemente instalados, a que les regalen lo que los españoles les negaron: una mayoría absoluta. Mientras, aquí se instala la incertidumbre. Y nada hace pensar que el impulso político vendrá de la mano del gobierno municipal. Porque, al aceptar el apoyo solo para la investidura, elige un camino peligroso: la «dictadura» de las minorías. Y como sé lo bien que se sienten en la oposición algunos concejales que votaron a A. Mato para alcalde, mi confianza en la capacidad política y la dialogante actitud como conselleiro del líder del PP, incuestionable ganador de las elecciones, me invitan a pensar que aceptaría acuerdos puntuales vitales para Ferrol. Y quiero creer que el alcalde pondrá por delante de prejuicios políticos partidarios la necesidad de ese diálogo con quien tiene un apoyo muy superior al suyo. Aunque la imposibilidad de una moción de censura produzca apariencia de estabilidad del gobierno municipal, es la más peligrosa e ineficaz de las estabilidades: la que conduce a considerar el poder un valor absoluto, aunque no se pueda ejercer. Cuidado con la soberbia (que arruinó a tantos políticos) que esta actitud sugiere.

Al alcalde corresponde proponer y negociar. Y no exigir, como P. Sánchez, que, por «lealtad», se le dé lo que los ferrolanos o los españoles no les dieron: mayoría absoluta. Ferrol está en la encrucijada de la supervivencia. Sestear sobre la compleja realidad nubla las entendederas.

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