ferrol / la voz

Fue la edición más feminista, la más solidaria, la más internacional y también la más multitudinaria. Las undécimas Meninas engrandecieron este fin de semana un poco más Canido, el barrio de moda de Ferrol que ha visto ampliada su pinacoteca al aire libre con casi cuarenta nuevas reinterpretaciones del inmortal cuadro de Velázquez, que elevan por encima de las cuatrocientas las que lucen en sus calles. Entre ellas, media docena de gran formato, con nuevos murales en medianeras que dibujan un poco más la identidad de un distrito. Desde Uruguay, Argentina o Estados Unidos llegaron algunos de los 130 artistas que entre pintores, fotógrafos y músicos han tomado parte en la cita.

Muchos se acercaban durante la jornada de ayer a comprobar el resultado del fin de semana. Un paseo en el que los visitantes podían elegir entre hacer fotos y selfis ante las Meninas más llamativas, originales o simpáticas, sentarse a oír un poco de música mientras actuaba la Banda Municipal, saludar a la comitiva de vespas al pasar, hacer alguna compra en el mercado de artesanía o tomar algo en los foodtrucks y barras habilitadas por el barrio. También ver cómo los niños disfrutaban de las actividades en la aldea infantil, donde la víspera incluso el alcalde, Ángel Mato, se animó a plantar un cerezo. Y pese a la incesante afluencia registrada desde el mediodía, en nada se parecía a lo vivido el sábado por la noche. Miles de personas, literalmente, inundaron el barrio arrastradas por el efecto Meninas pero también por la celebración del concierto que cerraba las fiestas de Ferrol, a cargo de Celtas Cortos. «Nunca había visto el barrio así», reconocía sobrecogido el regidor, vecino además de Canido. La calle Pérez Parallé, donde se situó el escenario, estaba llena en todo su trazado, y también las vías adyacentes. El personal no daba abasto en barras y terrazas. Y Canido vivió, con la música y la pintura de la mano, una noche histórica como no se recuerda otra.

La resaca del día después devolvió a la gente a la calle. Y a los artistas, a sus paredes. Desde una de las de ubicaciones más privilegiada, una gran medianera de más de veinte metros de altura visible desde la calle Alegre y Navegantes que sirve de puerta al barrio, mira al infinito y botella en mano el perro del cuadro de las Meninas, que pasa de papel secundario a protagonista y a ser caracterizado con la indumentaria del pintor. Es obra de Sfhir, un artista madrileño que con trece años ya pintaba murales y que recaló por tercer año en Canido. «Se está bien aquí, hay muy buen ambiente y es un festival muy chulo», justifica su presencia. A juzgar por el éxito de la cita, no es el único que lo piensa.

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Las Meninas desbordan Canido