Descalabro de los ingleses en Brión


La corporación municipal encargó a Guillermo Feal la realización de una escultura que representara la enorme gesta de la Batalla de Brión. Era el año 1978 cuando por fin se pudo instalar el Monumento a los héroes de Brión en el baluarte de San Juan. La escultura sigue allí, de verdad, aunque si se acercan a verla -como hice un par de semanas atrás- no la verán. Está «comida» por las hiedras y la maleza y apenas asoma su tercio superior. Son las cosas de Ferrol, solemos decir. Se había conseguido la cesión del baluarte de San Juan en 1969 y los consistoriales consideraron que era el lugar adecuado, porque desde allí hay unas vistas fantásticas de los montes de Brión y la bocana de la ría, para instalar el monumento que mantuviera viva la memoria de aquella merecidísima victoria contra las tropas inglesas.

Porque verán ustedes, lo que sucedió los días 25 y 26 de agosto de 1800 fue una batalla en toda regla, y la ganaron los ferrolanos. El capitán de navío y académico de Historia y Bellas Artes Cesáreo Fernández Duro documentó en 1895 la historia de la Armada Española en nueve volúmenes, con todo lujo de detalles. Allí explicó en el apéndice del que he tomado el título de este artículo: Descalabro de los ingleses en Ferrol, cómo los textos referenciados tanto por el contralmirante Warren, al mando de la flota inglesa, como el general Pulteney, al mando de las tropas de más de 10.000 hombres, poco menos que vinieron a hacer una labor de reconocimiento. Pulteney lo escribió así: «Habiendo desembarcado sin oposición, avanzaron hasta tomar las alturas (de Brión), reconocieron desde allá las fortificaciones y reembarcaron sin perder un hombre». Es decir, que vinieron a darse un paseo y tomar el fresco.

La cruda realidad es bien distinta. Warren, Pulteney y sus presumidos muchachos «llevaban por mira la captura o destrucción de la escuadra y del arsenal… quemándolo todo, incluidos pertrechos y bajeles en carena y grada». Sabían que en la plaza ferrolana sólo habría unos 4.000 militares, pero no contaron ni con su destreza ni con su valentía. El conde de Donadío distribuyó su fuerza en las alturas de Covas y San Jorge; el capitán de navío Ramón Topete desembarcó a 500 infantes en Brión y La Graña.

El comandante general Francisco Melgarejo mandó reforzar los castillos de San Felipe y La Palma, y colocar en línea 6 cañoneras que defendieran la bocana de la ría. A esta fuerza se sumaron cientos de vecinos, dispuestos a darles a los ingleses lo suyo, como así fue.

La flota inglesa perdió la batalla y embarcó rumbo a Gibraltar. Los ferrolanos, militares y civiles, escribieron una página memorable en la historia de España. Lástima que no se recuerde como se merece.

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