Carrilanas que se tornan profesionales sin perder el humor en Valdoviño

La dirección de la carrera ya cuenta con organizar la copa de Europa el próximo año


Valdoviño

Las carrilanas de San Mamede, un lugar de Valdoviño y próximo a Ferrol, ya no son ninguna broma. En un par de veranos cumplirán un cuarto de siglo y todo indica que lo harán presumiendo de ser una sede internacional para este tipo de competición. «Todo ha salido a la perfección, así que en nada nos ponemos a trabajar para preparar la Copa de Europa el año que viene», aseguraba Diego Barcia, director de la prueba, poco antes de entregar los 14 premios de un certamen que contó con los ojeadores para la prueba europea.

El ganador absoluto fue Christian Marugán Díaz, un asturiano que conoce bien las curvas de este descenso, ya que ha participado en muchas otras ocasiones. «Lleva una carrilana, tipo bólido, de fibra», apuntaban los organizadores de una Baixada de Carrilanas que está incluida en el Campeonato de España y que reunió a muchas personas. Algunos aficionados repararon en los vehículos, cada vez más trabajados, y otros se quedaron con la creatividad de los que buscaban arrancar una sonrisa, como el equipo que completó el recorrido en un bólido tuneado como si se tratase del de Bob Esponja.

Las carrilanas artesanales de madera también destacaron y arrancaron muchos aplausos para una carrera que esquivó las tormentas y en la que no se produjo ningún incidente, más allá de las maniobras desesperadas de algunos participantes. Las carrilanas deben cumplir una serie de exigencias en materia de medidas y pesos, y también en el apartado de seguridad, con sistemas de frenado y antivuelco. Gana la más veloz, pero hay premios para la que más risas consigue.

Esquivando la lluvia

Los organizadores tenían claro que esta particular carrera no se suspendería por el tiempo, y por esta razón adelantaron la salida prevista para las 16.30 horas para darle esquinazo a un chaparrón que amenazaba por el horizonte de Valdoviño. A media tarde los setenta competidores llegados de lugares como Alicante, Barcelona, Madrid, Cantabria o el País Vasco volvieron a batirse en una edición en la que se cuidaron mucho las normas de seguridad para que nadie, ni corredores ni público, sufriese rasguño alguno.

«La seguridad es algo prioritario, sobre todo si queremos aspirar a organizar la Copa de Europa», precisaba el director de una tradición que no pierde el humor y que cada año genera retenciones de tráfico ante la gran afluencia de público.

Tantas niñas como niños

Durante la mañana se celebraron las carreras en las que pueden competir los más pequeños organizados en dos categorías: menores de cinco años y los que tienen edades comprendidas entre los seis y los doce. «Se lo pasaron bomba», resumía el promotor de una prueba que en el caso de los niños permite que los vehículos sean aquellos que manejan normalmente en sus casas y en los parques. Por eso, en San Mamede los niños descendieron en monopatines, bicicletas, correpasillos, coches de plástico y hasta elaborados en madera de forma artesanal por algún abuelo entregado. Más de medio centenar de menores se pusieron en una línea de salida en la que hubo una gran novedad: «Normalmente eran más los niños, pero este año la cosa ha cambiado y han sido tantos niños como niñas», celebraba el director de una prueba en la que algunos mayores volvieron a disfrutar como niños pedaleando su triciclo.

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