Esta Bretaña


Las cosas existen cuando pronuncias su nombre. No se equivocaba el poeta al afirmar que todo cuanto puede ser narrado pertenece, por derecho propio, al reino de la verdad, en especial si nació de un sueño. Y hay libros que nos ayudan a pasar el tiempo. Entre ellos, algunas excelentes novelas policíacas nórdicas, que son ideales para estas fechas, porque cuando hace demasiado calor siempre es agradable imaginar la nieve. Pero otros libros, en cambio, tienen una razón de ser muy diferente: se escriben para intentar que el tiempo no huya, y sobre todo para devolverles la vida -aunque solo sea la modesta vida del papel y la tinta- a los muertos. Bastan un pequeño cuaderno y una pluma estilográfica para que la mesa de mármol de un café te ayude a recordar con claridad lo que quizás nunca habitó entre las cosas de este mundo, pero caminó a tu lado siempre. Entonces es cuando te das cuenta de que el lugar en el que naciste, sin ser especialmente grande, es sin embargo muy profundo, como todas las patrias verdaderas. Ese lugar podría llamarse Escandoi, perfectamente, y en él pueden haber convivido muy bien, en medio de la noche, al «calor del animal llamado fuego», los cuentos del lobo y el eco metálico de los grandes astilleros. En el extremo occidental de esta Galicia del Norte -la que tiene sus capitales en Ferrol y en Mondoñedo-, que es la Última de Todas las Bretañas Posibles, las historias del pasado se convierten en profecías, Mariano Haro atraviesa corriendo nuestras propias leyendas, y a los Reyes Magos, aunque estén de vacaciones, ya se les puede escribir en pleno verano para decirles que traigan lo que quieran, pero que vengan, porque los echamos de menos.

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