Esto es lo mejor que ha hecho un amigo por mí

UN BANCO CON SORPRESA. Dos amigos y un mirador con vistas al mar, pero ¿qué esconde el asiento «cuki» que puede desbancar al hasta ahora más bonito del mundo de Loiba?


Esta historia no es el principio de una serie de Netflix, y la foto no es una producción publicitaria sobre lo bonita que es nuestra tierra, pero sus protagonistas sí que son de película y su amistad bien podría inspirar a cualquier cineasta de Hollywood. Ellos son María Sixto (33 años) y Tato Robles (41), dos ferrolanos que son la prueba de que un hombre y una mujer sí que pueden ser solo amigos (porque sí, hay quien todavía lo duda).

María es conocida como Mariquiña y también es llamada por muchos Maricuki, ya que no hay palabra que repita más en su vocabulario que esa. «Para todo lo que la gente usa bonito yo digo cuki», explica la joven que trabaja en A Coruña, pero que siempre que puede se escapa a su «Ferroliño del alma». Tanto es su amor por su ciudad que muchos de sus amigos coruñeses se meten con ella y con su habitual «Ferrol mola» que usa hasta para felicitar los cumpleaños. Ella es de esas personas que con solo mirarla transmite buen rollo, pero como la vida es muy puñetera se ha tenido que enfrentar a situaciones muy duras que han tratado de quitarle esa sonrisa que lleva por bandera. Se suele decir eso de que ‘Dios da sus peores batallas a sus mejores guerreros’, y sin meternos en conflictos religiosos y en debates de si hay o no un Dios, quizá esa sea la única explicación que se encuentre para la puñalada directa al corazón que la vida le clavó a Mariquiña hace unos años: la muerte de su padre. En ese duro momento hubo una persona que consiguió devolverle un poquito de ilusión cuando más lo necesitaba.

Hecho a mano

Para animar a María, Tato decidió en julio del 2017 jugársela. Porque el regalo que le hizo no lo compró en ninguna tienda, ni lo pidió por Internet, sino que lo hizo con sus propias manos y sin permiso de nadie. El ferrolano optó por construir un banco e instalarlo en un punto al que tanto él como Mariquiña acuden a menudo a pasear. «Un día hablando del banco de Loiba había comentado que en Monte Ventoso quedaría genial uno porque es una zona que a ella le gusta mucho y a la que suele ir a pasear. En ese momento yo no dije nada, pero cuando pasó lo de su padre dije ‘esta es la mía’ y decidí ponérselo allí con la ayuda de mi hijo. Cogí los palés (uno para la parte de abajo y otro para el respaldo), unos tacos de madera para las patas y nos fuimos a colocar el banco», dice Tato. «Nadie me dijo nada, no sé a quién pertenece la zona, pero no creo que haga daño», añade. Y claro que no ha hecho daño, más bien al contrario, ya que su idea ha conseguido atraer a multitud de curiosos a la zona, un lugar paradisíaco sobre la espectacular playa de Doniños y con vistas al cabo Prior y el arenal de Covas.

Con el banco ya colocado, el siguiente paso para Tato era comunicárselo a su amiga. Para ello optó por enviarle a Mariquiña unas fotos por WhatsApp «Aluciné. Me puse a llorar. Alguna vez habíamos comentado lo bien que quedaría un banco en ese punto, pero nunca pensé que nadie lo iba a hacer por mí», confiesa. Para bautizar su regalo, Mariquiña no se lo pensó dos veces y utilizó su palabra favorita. «Como no podía ser de otra forma le llamé el banco cuki y le hice una página en Facebook para compartirlo con la gente». Un espacio que acumula casi 600 seguidores y que contribuyó a hacer popular un banco que ya se ha colado en los ránkings de los mejores de Galicia. Porque en pleno apogeo del de Loiba, que posee el título del más bonito del mundo, el de estos dos amigos también cuenta con muchos fans. «El mío es mejor y, por cierto, a diferencia de otros, tiene una barra de madera para apoyar los pies», bromea Mariquiña, que a día de hoy todavía se emociona al recordar el regalo de Tato. «Nos conocemos desde pequeños porque los dos veraneábamos en San Xurxo, pero como él es nueve años mayor que yo no fue hasta más tarde, hace unos diez años, cuando coincidimos de nuevo y nos hicimos inseparables», dice.

Y por si lo del banco fuera poco, Tato consiguió volver a sorprenderla poco después. «Ella siempre me vacilaba diciendo que a ver cuándo me tatuaba la palabra cuki, entonces cogí y me hice un tatuaje con un ancla, un faro, un timón, el banco y dentro pone cuki». Después de esos dos detallazos, poco le queda por hacer por su amiga. «Bueno, algún día la sorprenderé de nuevo, no sé cómo, pero seguro, porque ella se lo merece todo», comenta. «Han pasados dos años desde que Tato colocó el banco y en ese momento lo publicó La Voz, después vino la tele, y ahora lo han incluido en varias listas de razones para visitar Ferrol, por lo que estoy muy contenta, pero también algo triste porque lo han estropeado», dice. La primera vez que su regalo se convirtió en objetivo de vándalos fue el año pasado cuando lo rompieron en dos, además recientemente otros individuos dañaron la parte de arriba. «Espero que no lo rompan más», comenta.

Después del detallazo de Tato, uno podría pensar que a Mariquiña ningún regalo consigue emocionarla, pero como es todo corazón recibe cada detalle entusiasmada. Eso sí, si alguien quiere superar al banco cuki tan solo tiene una opción: conseguir que María conozca a su ídolo: Alejandro Sanz. Quién sabe, quizá el cantante lea su historia y decida dedicarle un tema, o por qué no, grabar en Monte Ventoso alguno de sus videoclips. Lo que está claro es que, igual que él, María tiene a su persona favorita y Tato a quien cantarle eso de Amiga mía.

Los competidores del banco de Loiba

M. Aneiros/ A.U.

Los asientos de Monteventoso, Sillobre o A Graña no tienen nada que envidiar al de la costa ortegana

El banco de Loiba puede presumir, al menos de momento, de ser el mejor banco del mundo, pero no de ser el único desde el que se pueden observar unas imponentes vistas. La popularidad de este asiento ha hecho, no solo que miles de turistas acudan a sentarse sobre él, sino también que otras parroquias y municipios hayan instalado bancos similares.

El primer competidor surgió en Monteventoso, que comparte con el de Loiba su particular historia. Mientras que el de la parroquia ortegana fue colocado por un vecino. El de Monteventoso nació de unos cuantos palés, que fue lo único que necesitó Tato Robles para hacerle a su mejor amiga un regalo inolvidable: un banco situado sobre la playa de Doniños desde el que poder observar el Cabo Prior y las playas de Covas.

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