¿Sabes que el marino Antonio Barceló llegó a lo más alto desde marinero?

Demostró que con fuerza de voluntad, valía y talento, no existen barreras a nivel profesional


Ferrol

Siempre se ha dicho que antiguamente, concretamente en el siglo XVIII, para ser oficial de marina era necesario tener «sangre azul», es decir, acreditar pruebas de nobleza para ingresar en la Real Compañía de Guardias Marinas y llegar a ser oficial de la Armada. Por ello, el ejemplo de Antonio Barceló, que no pasó por dicha Escuela, nos sirve de estímulo de superación para demostrar que, con fuerza de voluntad, valentía y talento como él demostró, no existen barreras para alcanzar los más altos puestos en cualquier profesión y, en su caso, en el servicio a España como militar de su Armada.

Don Antonio Barceló y Pont de la Terra, de origen humilde, nacido en Palma de Mallorca en 1717 (casualmente el mismo año que se fundó en Cádiz la Real Compañía de Guardias Marinas, origen de la Escuela Naval), se dedicó desde niño a las faenas marineras, primero como simple grumete, luego marinero y después piloto, embarcado en el jabeque de su padre, patrón que se dedicaba al transporte de mercancías. Con solo 18 años, al morir su progenitor, se hizo cargo del mando del jabeque, con el que también persiguió a muchos moros piratas que surcaban las aguas del Mar Mediterráneo y que infestaban las costas mallorquinas. En 1738 se distinguió especialmente en un combate contra dos galeotas argelinas, por lo que el Rey Felipe V le recompensó concediéndole el tráfico de Correo Real entre las Islas Baleares y la Península y le nombró alférez de fragata graduado (sin derecho a goce de sueldo).

Continuó prestando importantes servicios mandando diversas flotillas armadas y tomando parte en numerosos combates contra piratas argelinos, tunecinos y berberiscos. Fue ascendido a teniente de navío con efectividad y a partir de ahí alcanzó los más altos puestos. Luchó también contra los turcos y fue herido varias veces, siendo característica una marca en su mejilla izquierda a consecuencia de una bala de mosquete. Inventó las «lanchas cañoneras» empleadas durante el sitio de Gibraltar en 1779; participó en varias expediciones contra Argel, y en Melilla echó a pique 19 buques piratas y corsarios. Alcanzó el empleo de Teniente General de la Real Armada (almirante) y falleció a los 80 años en Palma de Mallorca reposando sus restos en la Capilla de San Antonio.

Sus muchas proezas en la mar le dieron a Barceló un marcado carácter legendario y así tenía ya fama entre sus contemporáneos, mereciendo por ello la «inmortalidad» como marino valeroso. Muchos oradores y poetas coetáneos se ocuparon de él en sus crónicas convirtiéndole en una especie de «Cid Campeador» de los mares. Los escritores extranjeros reconocen igualmente su valor y en particular en la Baja Andalucía era bien conocida su figura por los navegantes y el dicho «ser más valiente que Barceló en la mar», símbolo de su arrojo en los combates.

Y terminamos recordando una famosa copla que con típico gracejo andaluz le hace justo reconocimiento:

«Si el Rey de España tuviera

cuatro como Barceló,

Gibraltar sería de España

que de los ingleses no...».

Ven al Museo Naval de Ferrol y te contamos más cosas (abierto de martes a viernes, de 9.30 a 13.30 h; sábados, domingos y festivos, de 10.30 a 13.30 h). Más información en la web del museo http://armada.mde.es/museonavalferrol y visitas guiadas en la dirección de correo: museonavalferrol@fn.mde.es

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