¡Ay, las vallas!


La Semana Santa (un éxito sin paliativos) debe ser, al margen de lo que signifique para cada uno, un orgullo y un referente para posibles futuros eventos. La opinión mayoritaria, especialmente de la hostelería, es que unas cuantas semanas como esta servirían para superar la crisis, casi permanente, de sectores que son esenciales para la economía y el empleo. Ferrol es una gran desconocida. Y hay que comenzar por explorar la posibilidad de potenciar nuestro patrimonio así como determinados acontecimientos que puedan convertirse, por singulares, en atractiva ocasión de conocerla. Pero hay que aceptar que se necesita una intervención contundente que mejore la imagen. Y cuidar los detalles que pueden cambiar radicalmente la percepción de la realidad, algo que confirmé el Viernes Santo en una conexión con Ferrol de una cadena de televisión de ámbito nacional. El reportero eligió el Cantón y Amboage. En ambos lugares unas innecesarias y llamativas vallas amarillas llenaron la pantalla en detrimento de un entorno, que era un derroche de luz, de vida y de espléndidos, variados y floridos árboles. Y así se desperdiciaron unos minutos gratuitos de promoción televisiva. Y lo peor es que, todos estos días, las vallas ocupaban la clase preferente rodeadas de cintas medio caídas. Todo un atentado a la estética urbana y un elogio de la desidia.

Ferrol necesita pintarse, iluminar su cielo; abrir ventanas que sugieran vida y reparar espacios deteriorados y construcciones al borde de la ruina… Y después ofrecerse con un simple: Os espero, sonriente y bien peinada…

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