ferrol / la voz

Corría la imprevisible noche electoral del 2015. El escrutinio daba seis de los veinticinco concejales a Ferrol en Común y de repente Jorge Suárez tenía al alcance el bastón de mando de la ciudad. Se desataba la euforia, los abrazos y los brindis con botellines de cerveza al grito de «¡alcalde, alcalde!». Pero esta imagen no se repetirá este 26M. No por el resultado, una incógnita a 53 días de las municipales que solo se despejará tras el recuento, sino porque ninguno de los que aquella noche jaleaba en primera fila a Suárez lo acompañará esta vez. El alcalde de Ferrol se ha quedado solo en esa foto, en la que botaba feliz junto a otras cinco personas: cuatro futuros concejales de su gobierno y el número 23 de aquella lista, a la sazón presidente de su partido. Un polémico mandato y el descontento con la gestión de Suárez han provocado la estampida.

A la derecha de la imagen, la primera en irse. María Teresa Riveira, concurrió en el número 4 de la lista de FeC. Era la cuota de los inscritos de Podemos a título individual en la parte de alta de la lista de la coalición, conformada además por EU y Anova. Y fue nombrada concejala de Benestar animal, Minorías étnicas, Xuventude e Inmigración. El puesto le duró medio año. Dimitió alegando razones personales y de salud. Pero ahora irá en la lista de Marea de Ferrol, la sucursal ferrolana de En Marea con la que Luís Villares plantará cara a su antiguo aliado. «Considero que esta opción representa mellor o que eu defendo», reconoce ahora.

Expulsión y dimisiones

A la izquierda, Esther Leira, número 6 de la candidatura de FeC en 2015 y uno de los quebraderos de cabeza de Suárez en este mandato. Procedente de Anova, fue expulsada en junio de 2017 del partido, tras criticar la gestión del gobierno y el incumplimiento del programa electoral. Era la responsable de Obras, Vivenda, Rehabilitación y Medio Ambiente, y ahora sigue en la corporación, ya en la oposición, como concejala no adscrita. Fue una de las fundadoras de Marea de Ferrol, aunque ya no sigue en ella.

Flanqueaban al futuro alcalde sus números 2 y 3. Bajo su brazo, Eugenia Freire, independiente que llegaba a la política procedente de CC.OO., sindicato al que pertenece Suárez, y compatibilizó su labor como economista con la cartera de Economía e Facenda hasta que en abril de 2016 dimitió. Alegó motivos laborales, pero se despidió asegurando que en la política había conocido «lo peor y lo más rastrero que puede haber», en un contexto de prerruptura del pacto con el PSOE de Beatriz Sestayo.

Al otro lado de Suárez, un risueño Álvaro Montes, portavoz de Anova, primer teniente de alcalde y concejal de Participación, Seguridade e Tráfico, Emprego, Normalización Lingüística y Promoción económica. Es el único que continúa en el gobierno, pero en una situación bien distinta: sin la plena confianza política y personal de Suárez y siendo progresivamente apartado del núcleo duro del gobierno, dominado por los ediles de Esquerda Unida. La puntilla es su desaparición de la candidatura de FeC para los próximos comicios municipales. Pese a ello, Montes avaló igualmente la candidatura de Suárez a las primarias.

Puño en alto como el alcalde festejaba Carlos del Río -entonces inscrito en Podemos- aquella noche. No sabía que al cabo de cuatro años se convertiría en su contrincante directo por la alcaldía, tras abandonar la presidencia de FeC por el incumplimiento del programa, denunciando una «caza de brujas», y liderar un nuevo proyecto político, Xuntos Actúa.

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La imagen que deja solo a Jorge Suárez