«Para poder cuidar de alguien hay que cuidar también de uno mismo»

Estas dos psicólogas impartirán un taller para prestar apoyo a personas que atienden a familiares dependientes


Ferrol

Depresión, insomnio, ansiedad, estrés, agotamiento físico y psicológico... Estos son solo algunos de los problemas asociados al llamado «síndrome del cuidador», un trastorno que se presenta en aquellas personas que, sin formación específica, atienden a dependientes que son familiares directos o con los que mantienen un vínculo muy estrecho. De buenas a primeras, por un accidente o una enfermedad, se ven obligados a enfrentarse a una situación nueva, que muchas veces les sobrepasa y a la que no saben cómo enfrentarse. Para prestar apoyo emocional a estos cuidadores «informales», el Concello ha organizado el taller Coidando-me, que será impartido por Cristina Garrido y Lucía Fernández, psicólogas especializadas en psicoanálisis y con amplia formación en el campo de los cuidados, ya que la primera también es enfermera y la segunda trabaja como técnica de Servicios Sociales en el Concello de Miño.

-¿Cuál es el perfil tipo de un cuidador informal?

-Normalmente se trata de una mujer de mediana edad, que es familiar directo del afectado, que no cuenta con formación específica, y que tiene que compaginar esa tarea con el resto de responsabilidades cotidianas.

-¿La sintomatología es la misma en todas estas personas?

-Aunque los malestares que estas situaciones pueden acarrear se suelen englobar bajo la etiqueta del «síndrome del cuidador», cada caso es un mundo. Más allá de los perfiles generales, es muy importante tener en cuenta cada caso particular, porque no todo el mundo se enfrenta a la situación del mismo modo y, además, hay que tener en cuenta muchos factores, como el vínculo previo que se tenía con la persona afectada, el carácter de cada uno, que se cuente o no con apoyo de otros familiares, las renuncias que implica ese nuevo rol de cuidador... Más allá de las etiquetas, cada persona tiene una historia detrás que no se puede obviar.

-«Coidando-me». El nombre del taller hace hincapié en la necesidad de que los cuidadores no se olviden de sí mismos.

-Es que es algo fundamental. Para poder cuidar de alguien hay que cuidar también de uno mismo, porque si no la relación terminará por deteriorarse. Y, además, es muy difícil cuidar bien de alguien cuando uno se encuentra sobrepasado.

-¿Qué van a ofrecer en este taller a los cuidadores?

-Como psicoanalistas, para nosotras la escucha tiene mucha importancia, porque las palabras producen un efecto terapéutico. Por eso, en el taller vamos a ofrecer espacios grupales e individuales de escucha, para que cada cuidador pueda ahondar en su propia historia. De lo que se trata no es de eliminar el síntoma, sino de escucharlo, de interrogarlo, para encontrar el origen del problema. El psicoanálisis, como decía Freud, es la cura por la palabra.

-¿Podrían ahondar más en este aspecto?

-Por ejemplo, en el caso de alguien que sufre insomnio, el psicoanálisis no se centra en eliminar ese insomnio, sino que busca la verdad que se esconde detrás de él, lo que lo origina, porque, si no se hace así, puede que ese problema de falta de sueño desaparezca con algún remedio, pero probablemente al cabo del tiempo el malestar volverá a aflorar en forma de nervios, ansiedad... Es como si, ante un paciente con fiebre, el médico se limitase a darle un antitérmico, sin buscar la infección. Para el psicoanalista, el síntoma tiene una función muy importante y hay que escucharlo para saber qué se esconde detrás de él.

-¿Hay desconocimiento en la sociedad de lo que es el psicoanálisis?

-El psicoanálisis se asocia al diván y a las películas de Woody Allen, pero es mucho más que eso. El psicoanálisis es el diván, sí, pero también es una disciplina que ha evolucionado, que busca abrirse a la sociedad y que ofrece herramientas para hacer frente a los problemas de hoy en día.

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